martes 30 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Dice el joven Duque que no jugará a la ruleta con la economía ni con la situación social del país; ha sido un ruletista exitoso hasta ahora...
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Dos resultados ostensibles de la peste del covid-19 -además de la muerte de cientos de miles de personas- es su aprovechamiento por parte de gobernantes y políticos, por encima del valor mismo de la vida; y por supuesto los inmensos negocios de las farmacéuticas transnacionales. El tamaño del desastre -y lo que falta- no les conmueve ni un pelo. La vida no tiene valor, pero sí que tiene precio. Hay, sin embargo, actitudes opuestas. Una cosa fue la campaña electoral con vacunación masiva de Netanyahu en Israel, que favoreció a la colectividad, pero el candidato no logró ganar la mayoría absoluta, lo que llevará seguro a nuevas elecciones; y ya van tres, sin éxito. Otra cosa ha sido la actitud de Bolsonaro, que pretendía despacharse la pandemia ignorándola o reduciéndola a una “gripilla”. Hay muy serias acusaciones contra el presidente, incluso por planear desde el gobierno la muerte de millones de personas, y después de la tormenta reactivar la economía. ¿Qué economía? Las cosas no han funcionado así. El virus, que algunos califican de maldito, ha actuado de otra manera. El Sars-Cov-2 no es racional ni irracional, que son connotaciones exclusivas del “homo sapiens”, y queda claro que Bolsonaro se definió, no solo por la irracionalidad y el negacionismo, sino que ha incurrido en verdaderos crímenes de lesa humanidad. Bien merece un nuevo Nüremberg, pues la sola actitud del presidente amenaza por sí misma a toda la humanidad, una amenaza mundial comparable a un accidente nuclear o al cambio climático global.

En Colombia la peste también ha producido buenos réditos al gobierno más calamitoso en más de 120 años. ¿Qué habría hecho el joven Duque sin ella? Se atreve a lo que parecía imposible: una tercera y seguro funesta reforma tributaria, disfrazada con pomposo nombre eufemístico, como las anteriores. Dice el joven Duque que no jugará a la ruleta con la economía ni con la situación social del país; ha sido un ruletista exitoso hasta ahora, no creo que sea el ruletista de Cartarescu. Esto no es un sueño, y pide unanimismo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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