martes 17 de febrero de 2009 - 10:54 AM

Palabras Inútiles

El influjo político del Referéndum  del domingo pasado en Venezuela, se sentirá con fuerza en los debates colombianos sobre la probable segunda reelección del presidente Uribe. Hay muchas similitudes pero también tremendas diferencias, comenzando por el signo político de los respectivos gobernantes.

Mientras nuestro Señor Presidente  lidera  la llamada política de 'seguridad democrática', que ha tenido eficacia restringida y selectiva en materia de pretender exterminar a las Farc y eliminar a todos sus contendores,  críticos u opositores, satanizándolos como partidarios de éstas, el presidente Chávez ha emprendido reformas sociales profundas,  que aquí son presentadas como populismo radical.

Puede serlo, pero Venezuela, después de Chávez será otra nación que no dará marcha atrás.

Los populismos profundos tienen como consecuencia que la población, a las buenas o  a las malas, aprenda  a exigir sus derechos, a reclamar justicia y equidad. Chávez fustiga con lenguaje fuerte a sus opositores, pero no está en su mente someterlos a extinción. Además, porque  los opositores son en realidad fuertes en número y capacidad crítica, pero débiles en su capacidad de tener un proyecto político creíble y articulado.  

La reelección ilimitada o permanente ha ganado sólo con el 54.36%; el NO obtuvo el 45.63% y la abstención llegó al 33%, cifra sorprendente dado el calentamiento del debate político en Venezuela.

La oposición no se debilita y Chávez tendrá encima la carga desgastante de una campaña de cuatro años, demasiado tiempo en política, y cuya suerte dependerá no sólo de la habilidad política del Presidente, sino de muchas otras variables no controlables por ningún gobierno.

La oposición en Colombia no ve con buenos ojos la reelección  indefinida –dado  su carácter antidemocrático-  ni siquiera la partidaria de Chávez.

Las razones son obvias, en vista de la perpetuación a la que aspira el Señor Presidente, pues algo va de la 'seguridad democrática' a la versión bolivariana del 'socialismo del siglo XXI'.

Es sin duda una tendencia preocupante en América Latina, un terreno abonado para los caudillismos y mesianismos que hasta ahora nunca han terminado bien.

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