martes 04 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

se trata de un negacionismo bastante mediocre; algunos se esfuerzan más, como el nuevo flamante Fiscal General y sus teorías de la sistematicidad en la matanza de líderes sociales
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Muy perturbador que políticos y gobernantes recurran cada vez con mayor frecuencia a la manida expresión “evidencia científica” para calificar, pero sobre todo descalificar una situación cualquiera, trátese de un hecho, proceso, o acontecimiento. Ya se han vuelto coloquiales las metidas de pata –por decir lo menos– de la vicepresidenta Ramírez. Entró a la celebridad cuando dijo que tomar 500 vasos de agua hacía más daño que el glifosato, para establecer la inocencia del pesticida. Hace unos días proclamó que “no había evidencia científica ni estadística de que Colombia sea el país más corrupto del mundo”. Dependiendo de la fuente, tal vez no sea “el más”; pero en el mejor de los casos está, sin duda, entre los peores. No hay duda, se trata de un negacionismo bastante mediocre; algunos se esfuerzan más, como el nuevo flamante Fiscal General y sus teorías de la sistematicidad en la matanza de líderes sociales y excombatientes de las Farc.

Los caricaturistas han dado buena cuenta de tanta sabiduría. Uno dijo que no había evidencia científica de que en la Casa de Nariño haya vida inteligente; otro que la evidencia científica de la Vicepresidenta de verdad no existía, porque también se la habían robado. El generalísimo de la Policía también cree que las Águilas Negras no existen, porque no tienen registro; y el director de Memoria Histórica tampoco tiene evidencia científica de que existió –¿existe? – un conflicto político armado en Colombia; y parecen cosas menores frente a la negación del Holocausto.

Tener “evidencia científica” no es tan fácil como parece; pues ver significa saber, y está más allá de la simple experiencia sensorial; ver es algo más que mirar.

Un personaje de “Los errantes” (Tokarczuk) lo tiene claro: “...para ver hay que saber mirar, hay que saber qué se mira.” ¿Cómo pudo ver Copérnico que nuestro sistema planetario no era geocéntrico, derrumbando “evidencias” que se aceptaron durante más de 1200 años? Cada mañana el bendito Sol sale por el oriente y se mueve al occidente; y ¿qué miraba el chismoso de Galileo con su catalejo?

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