martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Lo más grave es el retorno a la barbarie –los totalitarismos o los nacionalpopulismos- como respuesta a las democracias, consideradas como sus máximos enemigos

Sin ser apocalípticos, nos encontramos en un “moméntum” planetario muy complicado, y en algunos aspectos –si no hacemos algo radical- llegaremos a situaciones que pueden ser irreversibles, como el calentamiento global –antropoceno-; la destrucción de la vida por causa de nuestra acción, la de ir de animales a dioses, como afirma Harari. Catástrofe, no natural, sino debida a la acción del “homo sapiens”.

Sumamos otras, como la crisis global de la democracia real, con tendencia a hacer aguas en todas partes. Y lo más grave es el retorno a la barbarie –los totalitarismos o los nacionalpopulismos- como respuesta a las democracias, consideradas como sus máximos enemigos. Las ultraderechas avanzan, a veces veloces, en muchos países europeos y Estados Unidos, con sus fantasmas mussolinianos-hitlerianos; y ahora en España, con la aparición –que algunos ingenuos creen sorpresiva- de VOX, una especie de protofranquismo. Algunos analistas llaman a este fenómeno el regreso del fascismo. Pero con Umberto Eco podemos preguntarnos: ¿de verdad alguna vez se había ido, o estaba en hibernación? ¿Y el estalinismo? ¿Formaron una unidad global corporativista, representada en Trump/Putin? Putin no necesita para nada a Marx o Lenin; las reminiscencias zaristas le son apropiadas.

Sería estúpido considerar que la “buena” de la democracia –una especie de Caperucita Roja ingenua e inocente- no tiene responsabilidades enormes al tomar la deriva neoliberal, y que el lobo “malo” del nazi-fascismo quiere violentarla y descuartizarla. Lo cierto es que este cuento parece carecer de final feliz, si no recuperamos la política en serio, presionada por las organizaciones civiles demócratas, que no son “el pueblo”, porque esa abstracción pertenece al caleidoscopio nacionalpopulista. Y todo esto tiene claras repercusiones en América Latina, y en Colombia parece llevar peores partes, pues el gobierno no atina a perfilar y ejecutar políticas públicas necesarias –y ya urgentes- para sostener la democracia, la dignidad humana y la justicia.

Post scriptum. Criminalizan la protesta por la acción de vándalos de dudosa procedencia, y olvidamos lo esencial que da origen a las protestas.

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