martes 21 de abril de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Aunque existen las naturales dudas sobre la información proporcionada por un régimen secretista como el Chino, otra cosa es decir que el virus es “chino”, y obedece a una estrategia malévola para dominar el mundo
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La Covid-19 desata batallas en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde lo más conspicuo hasta lo más ordinario; desde las cúspides del pensamiento científico, hasta consumados charlatanes; desde estadistas y políticos serios y responsables –porque todavía quedan algunos– hasta antropófagos que solo les interesa la próxima jornada electoral; y por supuesto, los que ven la mejor oportunidad para reinstalar o apuntalar regímenes autoritarios o totalitarios, desde Estados Unidos, pasando por Nicaragua, Brasil, México, o por países antiguas víctimas de los fascismos y comunismos como Polonia y Hungría. Reaparecen viejas polémicas ideológicas que pretenden fijar “el origen” en una determinada creencia o nación, con fines propagandísticos o de mercado.

Aunque existen las naturales dudas sobre la información proporcionada por un régimen secretista como el Chino, otra cosa es decir que el virus es “chino”, y obedece a una estrategia malévola para dominar el mundo; suena tan ridículo como decir que la pandemia de 1917-18 fue un virus “americano” para influir en el desenlace de la I Guerra Mundial. Claro está –y bien documentado– que la pandemia se originó en Estados Unidos, y que no se le reconoció como letal y fatal hasta mucho tiempo después de que un modesto médico alertara sobre esa nueva peste, que se cobró hasta 50 millones de víctimas. Y para colmo la llamaron “española”, pues en España no era tema tabú, por ser neutral en el conflicto, y la negación fue utilizada para no dar “ventajas” al enemigo. ¿Conocerá Trump estas historias? En cualquier caso es evidente que cifra su reelección en la nueva peste.

En plena Guerra Fría también se hablaba de la “ciencia burguesa” –decadente e inhumana– frente a la “ciencia proletaria”, progresista y desinteresada; o del falso humanismo burgués, frente al auténtico humanismo proletario y su doctrina del “nuevo hombre”. El virus “bueno” contra el “malo”. De todo eso no quedaron sino desastres y crímenes todavía no superados del todo. Estamos en inminente nuevo peligro entre el “Bien” y el “Mal”, en donde la tentación totalitaria es una verdadera espada de Damocles.

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