martes 21 de enero de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Los derechos de la infancia y los adolescentes son asunto de Estado, que no pueden sucumbir ante la ignorancia y la doble moral
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Nadie olvida la furia y el ruido que se desató en este país cuando el Ministerio de Educación pretendió promover la educación sexual en los colegios públicos. La ministra, defenestrada, tuvo que dar marcha atrás ante el ataque inaudito de quienes enarbolaron el cuento ridículo de la “ideología de género”, en contra de los derechos fundamentales de muchos colectivos discriminados y perseguidos por los sectores más recalcitrantes de la Iglesia católica, que pese a todo lo que ahora se denuncia, insiste en presentarse como inmaculada en materia de historia sexual, una historia que desde los inicios del cristianismo –pues está en su ADN– es una historia criminal, antihumana; pero a estas alturas –dos mil años después– no hemos podido superar, o por lo menos, muchos Estados occidentales no han sabido poner en su sitio. Y no pasa solo en estos lares latinoamericanos postcoloniales, sino en la mismísima “Madre patria”, a pesar de más de cuatro décadas de postfranquismo, y de un decidido propósito del Estado español democrático, por estar a la altura de los tiempos.

Ahora VOX, resurrección del franquismo –y para mayor vergüenza– con el apoyo de una supuesta derecha decente, como se esperaba del PP y Ciudadanos, pretende violentar la Constitución española para imponer un “pin parental” para censurar la educación sexual que se ofrece en las escuelas de Murcia –por ahora– y anuncia chantaje a la aprobación de los presupuestos si no son “obedecidos”. Supongo que después seguirá Darwin, Copérnico, Freud, la mecánica cuántica, y el mundo volverá a ser plano. La educación sexual, cuya sola idea ya consideran impropia, es un derecho absoluto de los padres de familia, alegan. ¿Pero qué educación sexual pueden dar unos padres que a su vez no han tenido ninguna? Los derechos de la infancia y los adolescentes, son asunto de Estado, que no pueden sucumbir ante la ignorancia y la doble moral. Se quiere dejar esta tarea a los padres, para que se quede sin hacer, y se ignoren muchos otros problemas fundamentales, como la violencia de género.

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