martes 14 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

La señora Vicepresidenta dice que si ingiere 500 vasos de agua, eso sería más dañino que este bendito herbicida. Por supuesto, todo exceso mata, hasta el agua bendita

En la medida en que tribunales de Estados Unidos fallan a favor de personas que han contraído cáncer relacionado con el uso de glifosato, en Colombia el Gobierno se empeña en volver a utilizarlo contra los cultivos ilícitos, en especial de coca.

Investigaciones serias muestran que existe esa relación de causalidad, pero aquí piden certeza sobre esa relación. No sé qué entenderán por “certeza”, una categoría inadmisible en el mundo de la ciencia, el derecho o la filosofía.

La “certeza” como una verdad absoluta, incambiable, eterna e infranqueable, no existe; no creo que ni las religiones actuales se atrevan a semejante exabrupto epistemológico. Lo máximo a lo que podemos aspirar es a la seguridad o a la alta probabilidad de que un fenómeno ocurra. Aquí llegamos a extremos estrafalarios de afirmar que el glifosato es inocuo para la vida humana, y en general para todas las especies tocadas por ese producto, excepto la que se quiere matar, en este caso la pobre coca y algunas otras yerbitas.

Altos funcionarios, como el Ministro de Defensa, aseguran que en sus haciendas es una bendición el uso del glifosato, y la prueba es que él está rozagante; y la señora Vicepresidenta dice que si ingiere 500 vasos de agua, eso sería más dañino que este bendito herbicida. Por supuesto, todo exceso mata, hasta el agua bendita. Es lo más seguro. Debería hacer una prueba en público, aunque sea solo con 50 vasos.

Cuando se introdujo en Europa el cultivo y luego el consumo de nuestras humildes papas, los científicos demostraron que ese alimento era una bendición de Dios; y los políticos y gobernantes –de la era absolutista- organizaron banquetes públicos para convencer a la gente de que era una maravilla.

Salvaron a Europa de la hambruna y evitaron muchas guerras en los siglos XVIII y XIX. A ningún gobernante –déspota ilustrado- le dio por atragantarse de una sola sentada con dos o tres arrobas.

No sé si Pedro o Catalina, los Grandes, montaron carpas en San Petersburgo.

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