martes 06 de abril de 2010 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

Puesto que cocinar hizo al hombre y las civilizaciones, es bueno recibir con deleite el inmenso trabajo de  Francisco Romero Otero titulado Apuntes histórico gastronómicos (para lectores glotones) , que recién acaba de editar bajo el sello Editorial de Bucaramanga, muy pulcro y muy bello (485páginas). Formar el gusto, la distinción, es un largo proceso individual, pero sobre todo social y cultural, que puede requerir procesos de siglos de duración, de cambios constantes y graduales, que a veces sólo son perceptibles analizando largos periodos de la historia.

Los cánones culinarios, los usos en el acto social del comer, hasta llegar a la etiqueta y el ceremonial actuales, son expresión del constante cambio cultural, como demuestra la singular obra maestra histórica sociológica de Norbert Elias El proceso de la civilización.  Elias logra construir  un edificio teórico para explicar cuáles fueron las causas impulsoras, los motores, de la civilización. Para ello parte de los elementos más esenciales y cotidianos como son los comportamientos y los modales medievales, la compostura en la mesa, los cambios frente a las necesidades naturales (sonarse, escupir,  dormir, los cambios en las relaciones entre hombres,  mujeres y  niños, los cambios en la vida del caballero,  etc.), hasta llegar a las grandes transformaciones sociales, como puede ser la génesis social del Estado. La vida humana tuvo un giro irreversible y definitivo cuando logró pasar de lo crudo a lo cocido, como demostró el francés  Claude Levi Srauss, creador de la antropología contemporánea. Cocinar implicó manejar el fuego; con él construyó y destruyó; creó mitologías. Los Apuntes de Francisco Romero –como él mismo aclara- no pretenden hacer una historia científica de la culinaria, pero no está exenta de la impronta académica, que en fin ha sido su  larga vida laboral como profesor universitario. La información y los conocimientos (y su pasión) desplegados por Romero muestran una consagración exhaustiva y meticulosa que va desde la comida de los faraones hasta la comida criolla hispanoamericana. La lectura de los Apuntes nos pone frente a un enorme fresco histórico, una colcha de pasiones y deleites, cuya lectura no decae de principio a fin, y es capaz de reconstruir en nosotros viejos recuerdos que nos han dejado huella por siempre.

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