martes 16 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Pero lo que dijo el ministro plantea muchos otros problemas de fondo, nunca resueltos, como el de la existencia misma del reclutamiento obligatorio, por no decir forzado, que debería ser eliminado de una vez por todas...
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Por supuesto en Colombia existen máquinas de guerra, y sin ellas no pueden vivir sus beneficiarios. Necesitan mantener incendiado y aterrorizado el ambiente político para sustentar su “statu quo” de privilegios eternos. Los sempiternos “infantócratas” no han pronunciado palabra para rechazar la idea de que los niños reclutados a la fuerza son máquinas de guerra, o pueden llegar a serlo, y que es mejor prevenir y matarlos; y acto seguido esgrimir sus feroces ataques contra el derecho al aborto y a la planificación familiar. Y que lo diga un ciudadano ministro de Defensa, que antes en su larga carrera burocrática ejerció de protector de la niñez y la familia en el ICBF es un exabrupto total, solo posible en un país en donde casi todo es al revés, los zapatos en las manos y los guantes en los pies, creo que dice Pombo en un pequeño poema, que no he podido recuperar. La idea de niños como máquinas de guerra plantea paradojas terribles para acabar con los niños pobres que son enviados a la guerra y con la propia guerra. ¿Se acabarán algún día? Situación que nos lleva a la relectura de “Una modesta proposición” del escritor irlandés Jonathan Swift, una verdadera joya de la sátira política, que desnuda la hipocresía y la doble moral de la Irlanda de su tiempo, que moría de hambre. Con esa modesta proposición los niños pobres desaparecían y el hambre también. Irlanda podría ser un próspero país en el siglo XVIII. Sí, que lean el breve texto en un Consejo de Ministros; mejor en un programa presidencial al final de la tarde, sería un buen ejemplo de “economía naranja”.

Pero lo que dijo el ministro plantea muchos otros problemas de fondo, nunca resueltos, como el de la existencia misma del reclutamiento obligatorio, por no decir forzado, que debería ser eliminado de una vez por todas, y tener a cambio fuerzas profesionales calificadas, que pudieran ostentar sin complejos su posición de fuerza legítima del Estado, por encima de toda sospecha, convertidas en máquinas de paz y no de guerra.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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