martes 23 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

La ciudadanía es puesta al margen, y la desconfianza en el trabajo “enmermelado” de los legisladores de las mayorías es inmensa. ¿Estamos perdidos?
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Oír al joven Duque en los distintos escenarios donde interviene, desde su “reality” de todas las tardes, en entrevistas en medios nacionales e internacionales, en la reunión del BID en Barranquilla, causa asombro y a veces estupor. Toca aplicarle su propia medicina: “¿De qué me hablas viejo? Parece ir, como en el cuento de Borges, por un jardín de senderos que se bifurcan, sin que pueda vislumbrar, para dónde va, y sí que menos, cuál puede ser la meta posible; y no entiende nada del jardín, en donde reina la incertidumbre. Nadie atina a nada, no solo el joven Duque. Sus seguidores, adoradores y aprovechadores, lanzan toda clase de propuestas, no para salvarlo -puesto que no parece tener salvación-, sino para salvarse a sí mismos. Atropellar la Constitución, alargando períodos presidenciales, unificando elecciones, con los más ridículos argumentos. De parte de los opositores tampoco se ve claro por donde van a ir para alcanzar a configurar un movimiento complejo y fuerte, capaz de definir un programa y una figura para derrotar el “extremo centro” de Duque y el uribismo, que pese al desastre en el gobierno y en las encuestas, tal como están las cosas, podría garantizar el nuevo dedazo del exmesías.

En medio del humo que produce tanta hojarasca, los reales problemas del país siguen campantes: la violencia contra líderes y excombatientes, los proyectos desesperados por reformas fiscales, tributarias, laborales, que de aprobarse empeorarían aún más los índices de desarrollo humano, bastante afectados desde antes, durante, y seguro, después de la pandemia. La ciudadanía es puesta al margen, y la desconfianza en el trabajo “enmermelado” de los legisladores de las mayorías es inmensa. ¿Estamos perdidos? También caminamos por caminos que se bifurcan, con muchos minotauros, pero hemos estado más perdidos otras veces. El optimismo, así sea trágico, señala claras esperanzas de recuperación de la decencia política.

Post scriptum. Vergüenza nacional produce la posición asumida por la “Defensa del Estado” contra la periodista Jineth Bedoya en la Corte IDH. ¿Cuántas veces pretenden revictimizarla; y amenazar y amedrentar al periodismo libre?

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