martes 14 de enero de 2020 - 12:00 AM

Palabras Inútiles

...ninguna sociedad permanece ajena a los peligros de la manipulación de la lengua, hoy un arma excepcional de quienes tienen necesidad de mentir en masa todos los días
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En su última columna (“Incredulidad”, El Espectador, 11-01-20), el escritor Santiago Gamboa nos pone de frente ante lo que Vladimir Nabokov llamaría opiniones contundentes. Se refiere a relatos y expresiones eufemísticas –neolengua– utilizadas por el gobierno, incluido el propio Presidente, no para aclarar nada, sino para lo contrario, para oscurecer, invisibilizar y tergiversar la realidad de lo que ocurre en el país, y que coincide con el desprestigio e impopularidad del gobierno, como lo reflejan las encuestas; pero más allá de ellas, es el sentimiento nacional de que algo va y huele mal; y el resultado es lo que Gamboa llama “Incredulidad”, a lo que podemos añadir incertidumbre y confusión; toda una operación lingüística y filológica que lleva a una supuesta inocencia del gobierno y del Estado frente a hechos gravísimos como la sistemática matanza de líderes sociales, excombatientes de las Farc, y la generación de una atmósfera de miedo y terror en muchos territorios del país, de amedrentamiento a magistrados, jueces, políticos y periodistas, mediante la práctica ya “normal” de las escuchas ilegales, llamadas en nuestro medio “chuzadas”, dicho con la misma desfachatez de que un asesinato o crimen de Estado se llame “falso positivo” o “neutralización”.

No puedo dejar de mencionar –otra vez– el excepcional libro de Victor Klemperer “LTI; La lengua del Tercer Reich”, publicado por primera vez en 1947, tan actual, provocador y revelador hoy día, en la medida en que muestra cómo ninguna sociedad permanece ajena a los peligros de la manipulación de la lengua, hoy un arma excepcional de quienes tienen necesidad de mentir en masa todos los días, con los medios actuales proporcionados por las redes sociales, que sirven para todo, en esta era de las “fake news”, en donde hasta las mentes más despiertas pueden caer en la tentación de la credulidad. No existe el lenguaje neutro –como pretenden los tecnócratas– pero ocultar las verdaderas intenciones, también “saca a la luz aquello que una persona quiere ocultar de manera deliberada, ante otros o ante sí mismo”, dice Klemperer.

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