martes 04 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Estamos tal vez en un punto de no retorno, y superado el impulso inicial del vandalismo programado, el país requerirá muchos cambios de profundidad para recuperar la confianza y la legitimidad del Estado
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Preciso leo por estos días un libro iluminador para comprender el convulsionado mundo actual, un libro que trata de la “dialéctica del resentimiento” y del “terror de la razón”, del joven pensador indio Pankaj Mishra, quien realiza una disección en profundidad en “La edad de la ira”, para entender porque el mundo moderno, desde la Revolución francesa hasta hoy se halla inmerso en continuas y progresivas oleadas de odio y de frustración. La hipótesis de Mishra es tan sencilla como perturbadora: las mayorías fueron dejadas de lado y los ideales de modernidad como la igualdad, la libertad y la fraternidad se convirtieron en un discurso vacío, frustrante y demagógico, que dejó a las masas sin oportunidades, y las convirtió -como dijo Franz Fanon, gran pensador francocaribeño- en “Los condenados de la Tierra”. Estamos lejos de la racionalidad del “siglo de las luces” y sumergidos en el voraz pantano del neoliberalismo, con tres resultados muy concretos que amenazan, no ya la estabilidad del Planeta, sino su sobrevivencia: la pobreza creciente, el cambio climático y la pandemia.

El proyecto maldito de la fracasada reforma tributaria no ha hecho más que actuar como detonante contra la soberbia inconmensurable del gobierno y sus adláteres. Estamos tal vez en un punto de no retorno, y superado el impulso inicial del vandalismo programado, el país requerirá muchos cambios de profundidad para recuperar la confianza y la legitimidad del Estado; y eso llevará tiempo, pero hay muchas cosas inmediatas, más allá del populismo, que pueden hacerse. Si la gente no tiene miedo a la pandemia, que mata a millones en el mundo, no se arredrará ante la “asistencia militar”, preámbulo de un Estado de Excepción, que ilusiona al partido de (des)gobierno.

Muchos medios cayeron en el estribillo de siempre: “El vandalismo volvió a opacar el paro nacional”, y así quedaron borradas las razones objetivas de la protesta nacional. Los teóricos serios del vandalismo saben bastante sobre la conducta de las hordas que lo componen, y más allá de eso quedan los problemas por resolver, por un gobierno capaz.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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