martes 10 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Palabras Inútiles

Todos los tocados hacen declaraciones precipitadas de inocencia y de distancia sideral con el pobre Ñeñe...
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Nuestra diplomacia casi siempre ha sido de servidumbre y de obediencia, pero no hay que exagerar, y usando la misma diplomacia podemos guardar las apariencias, como recomienda el genial Ambrose Bierce en el “Diccionario del Diablo”. Diplomacia es “el patriótico arte de mentir acerca del país natal”.

Por un lado el presidente y su partido se sienten ofendidísimos porque la ONU –que lo tiene por acuerdo y encargo específico– da recomendaciones para mejorar la situación de derechos humanos en poblaciones específicas, y también que la policía se maneje desde el Ministerio del Interior. Y sacan un decimonónico discurso sobre la soberanía. Al día siguiente Trump –que no tiene por qué ser diplomático– pide, o mejor, ordena, que empiecen las aspersiones aéreas. El silencio es el lenguaje y se obedecerá.

Con el “affaire” de la “ñeñepolítica”, en donde el arte mentir funciona a todo vapor, reforzado por la circunstancia de que Ñeñe ya no puede hablar, el joven Duque y su partido de gobierno –¿o es de desgobierno?– fueron cogidos con los pantalones abajo, y abandonan el litigio antidiplomático con la ONU y el CICR.

Investigando un crimen, los investigadores toparon con otro, con un “cisne negro”; un afortunado caso de serendipia, como para temblar. Todos los tocados hacen declaraciones precipitadas de inocencia y de distancia sideral con el pobre Ñeñe.

El expresidente senador ha hecho casi un auto de fe con su mejor cara y voz de inocencia, todo un modelo de bondad y sinceridad ¿o será puro cretinismo puritano? Que los investigadores, si pueden, lo digan, si no se sienten inhabilitados o hasta comprometidos; y como un escándalo se tapa con otro o con una situación de pánico, lo mejor es cambiar de hábitos higiénicos; aunque en la Casa de Nariño nos llevan ventaja, pues son expertos en el arte de lavarse la manos.

Es deseable que afuera, el pueblo, no solo se lave las manos, sino que evite la peste de la ceguera, que es peor que el Covid-19, y conserve la lucidez, como recomienda don José Saramago.

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