miércoles 04 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

La oleada de cesarismo democrático continúa su recorrido por 'nuestra América', como diría José Martí. Ahora seis magistrados orteguistas – ¿sandinistas?- del Tribunal Supremo de Justicia, sin asistencia de los demás, decidieron de un plumazo eliminar el 'articulito'  147 de la Constitución de Nicaragua, que prohibía la reelección consecutiva del Presidente. Por inaplicable, sentenciaron.

Ortega añora el orden combatido de Somoza. Un auténtico ortegazo a la Constitución. Por lo menos Zelaya aspiraba a retozos más democráticos, al pretender una consulta, aunque, a su vez, inconstitucional. En Colombia jugamos a parecer democráticos, así sea con referéndums espurios e ilegales, pues en realidad, es imposible detenerse ante minucias formales que contrarían la 'voluntad popular' de una minoría del censo electoral  asaltada en la recolección de  4 millones de firmas. Este gobierno no sólo está acostumbrado a decir cuándo es de día o de noche, sino que ahora decide sobre el transcurso del tiempo e incluso, sobre si existe o no. La ley del referéndum es 'superior' e intemporal, dice la más alta autoridad científica que funge de Ministro del Interior y de Justicia.  En fin, vivimos en una democracia de plastilina, dirigida por una 'inteligencia superior' que la moldea según la bilis del gobernante.

'Todo saldrá de manera normal', dice el sabio Ministro, secundado por 'Uribito', porque le parece absurdo que el Señor Presidente no pueda seguir siéndolo por razones formales y procedimentales. Le parece absurdo que la esencia de la democracia, que es el imperio de las reglas de juego, sea un obstáculo para la segunda reelección. Lo 'normal' es el éxito, convertido en ley avasallante y avasalladora de la maquinaria furibista. Vivimos bajo los efectos propagandísticos que aspiran a la infalibilidad reeleccionista, combinada con el estruendo de un aparato ultrarreaacionario que ya no quiere reconocer que una cosa es el Estado laico de derecho y otra las ideologías religiosas que reintentan  instalar un régimen cuasi teocrático, en donde conocer el derecho no solo sería pecado sino delito, como en el caso de la Ley de despenalización parcial del aborto. La receta vieja es propaganda, miedo y terror; eso asegura el éxito o lo ha asegurado, no solo en la Europa totalitaria sino en nuestra débil historia republicana.

 


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