martes 01 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Santrich que rinda sus cuentas, pero Martínez Neira también, pues no es poca cosa lo que está de por medio, comenzando por la destrucción de la confianza, la credibilidad, la ética y la moral pública.
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Varios reveses han sucedido en la llamada “Casa de Nari” en los últimos días; por ejemplo, la caída en la sintonía del programa televisivo vespertino, que tenía la pretensión de hacer pedagogía sobre la covid-19, programa que se convirtió en una lánguida copia del “Aló presidente” de Chávez. En el campo de la diplomacia, mejor decir antidiplomacia, está en entredicho la posible nominación del impresentable exfiscal Néstor Humberto Martínez, que tiene mucho por aclararle al país y al mundo. La chapuza contra el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y las Farc-EP, presentada como una acción policiaca entre la DEA y la Fiscalía contra Santrich es uno de los últimos fiascos que se le conocen. Santrich que rinda sus cuentas, pero Martínez Neira también, pues no es poca cosa lo que está de por medio, comenzando por la destrucción de la confianza, la credibilidad, la ética y la moral pública. No sé si Martínez Neira quede mejor en Dubái que en Madrid.

También una humilde jueza manda tumbar la desmesurada placa que celebra con ditirambos la puesta en marcha del túnel de la Línea, puesto que viola la ley. La autocelebración de obras y monumentos data de la Roma Imperial, y la llamaban “philotimia”, amor al honor que reclamaban los grandes benefactores de la sociedad romana, y se expresaba en placas conmemorativas. El ascenso del cristianismo no logró derrumbar todos los monumentos ni todas las placas, por suerte. La histórica marca oficial “SPQR” puede aun observarse por doquier en la antigua Roma. Loable esa “philotimia”, que no tiene nada que ver con el “amor al honor” de los últimos en aparecer a inaugurar el dichoso túnel. Hay mucho de que hablar de la “philotimia”, pero será en otra ocasión.

Además del falso amor, la faraónica placa adolece de otra costumbre romana, llamada “domnatio memoriae” que significa condenar la memoria y el recuerdo de un enemigo de la República, ordenada por el Senado. Ni Santos fue emperador, ni el senado lo condenó a nada. A Stalin le encantaba. ¡Qué exabrupto!

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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