martes 02 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Usar el miedo y el terror para manipular a la población y a la sociedad en general, apropiarse de la memoria, para destruirla o deformarla...
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Es necio discutir la cifra, salvo para calcular el tamaño del escándalo, la magnitud del crimen: ¿dos mil, cuatro mil, 6 mil? Qué más da. Estamos ante crímenes de guerra y de lesa humanidad. Los aludidos dicen que la JEP tiene que probarlo uno por uno; los aludidos aspiran ahora a imponer los métodos de demostración y prueba, que pueden tomar varias centurias para que culminen esa supuesta tarea, como el castigo de Sísifo, o peor, porque al final Sísifo sí cumplió el castigo. Aquí quieren castigar a las víctimas y no a los victimarios. ¿Y cuáles eran – o son- las pretensiones últimas de los exterminadores, si las propias fuerzas de la subversión no se afectaban? Para muchos analistas el patrón es el mismo utilizado en muchos lugares del mundo bajo conflicto: usar el miedo y el terror para manipular a la población y a la sociedad en general, apropiarse de la memoria, para destruirla o deformarla; y convertirla en la historia y la verdad únicas. Toda una estrategia política, que compromete al Estado dado sus operadores y ejecutores directos e indirectos, y sus alcances territoriales, y cuyos resultados más visibles son los desplazamientos, las expropiaciones y los miles de asesinados.

El miedo y el terror también llevan a la polarización como forma de aniquilación de la política, hacia un estado de barbarie o de normalización de la barbarie, hasta que casi no exista el mínimo de decencia política -o ninguno-, y los derechos humanos no funcionen, e incluso los consideren como una amenaza a la sociedad. ¡A eso hemos llegado! Y la historia y la verdad únicas que la Fiscalía reclama, queda, entonces, expuesta, y llegamos a lo que dice María McFarlad en su libro “Aquí no ha habido muertos”, ni conflicto ni guerra. Y la consecuencia mayor del relato único -dice la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie- consiste en privar a las personas de su dignidad humana, la máxima conquista política de la modernidad. Rechazar el relato único es como recuperar el paraíso perdido. No puede Colombia renunciar a esta esperanza.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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