martes 08 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Más allá de si se es fascista o no, hemos heredado una amplia técnica en propaganda y organización, adoptada por todos los regímenes que aspiran a la dictadura y al totalitarismo
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Difícil definir con precisión de relojero qué es “fascista” o “fascismo”. Es de lo que más se ha investigado y escrito desde los inicios del siglo pasado. El uso y abuso del concepto lo diluye, lo gasifica, pues se utiliza para todo, y es intercambiable por estúpido, cerdo - ¡pobre cerdo! -, machista, ignorante, nacionalista, negacionista; y es probable que sea todo eso y más, pero aun así es difícil decir que alguien con alguna característica así, sea fascista. Umberto Eco en su célebre ensayo “Ur fascismo o fascismo eterno” considera que con tres características como estas -él define 14- , se es sospechoso y con más no hay duda. María Jimena Duzán ha dicho de modo categórico que Uribe es fascista, qué titubeo cabe; pero no se es fascista de golpe, es un proceso largo, modulable, gelatinoso; y tiende a negarse, aun con contundentes evidencias. Eco aconseja tomárselo con calma y serenidad, pues si nos aplicamos la prueba de sus 14 características, podemos sorprendernos, pues es como una guía de pecadores. Nada más ofendido que un fascista al desnudo, no lo pueden soportar; y la periodista recibe feroces ataques por su columna. ¡Pero si hasta san Pedro negó al Maestro! Y ahora el Fiscal General y su siervo Jaimes también niegan “amistad” con el “Gran colombiano” y no aceptan recusaciones. ¿Qué es ser “amigo” o “enemigo” en política? Los fascistas ilustrados lo saben si leyeron en su universidad al gran maestro de la ciencia política del siglo XX Carl Schmitt.

Más allá de si se es fascista o no, hemos heredado una amplia técnica en propaganda y organización, adoptada por todos los regímenes que aspiran a la dictadura y al totalitarismo; Hannah Arendt lo explica bien. Sin propaganda política y violencia, sin mentira e infamia universales no hay fascismo, y los mejores ejemplos de hoy son el contrato de difamación que los hijitos del excaudillo hacen con una empresa gringa; y claro, la desvergonzada y vergonzosa carta del “príncipe” Luigi a “El País” intentando prohibirle que entreviste a Cepeda.

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