martes 08 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Analistas e historiadores ven similitudes políticas, sociales y económicas entre los acontecimientos o prolegómenos que desembocaron en la II Guerra y la situación mundial actual. Por supuesto, no existen copias al carbón en la historia, unas como tragedia y otras como comedia. Tal vez Hegel no tenía razón, ni Marx. Pero sí pueden detectarse muchos aires de familia con el nazifascismo originario y lo que los dictadores y tiranos actuales piensan y hacen. La comparación obvia es la de Trump y Bolsonaro; y no son los únicos, tanto de un lado como del otro; por ejemplo, Polonia, Hungría, China, Rusia. La característica macabra de los nuevos totalitarismos a la vista no es nueva; se trata de locura homicida o de locura política; más, si como telón de fondo tenemos las armas nucleares y las falsas narrativas de amenazas existenciales, fundadas en mentiras y tergiversaciones de la historia, para justificar la violencia sistemática, el terror, el miedo, el expansionismo, y la muerte; como bien ilustra el extraordinario libro del historiador francés Johann Chapoutot “El nacionalsocialismo y la Antigüedad”. Supongo que el nuevo libro de este autor “Libres para obedecer” terminará por completar el fresco de lo que significó el auge de los totalitarismos viejos, y los que ahora tenemos en el horizonte cercano, con Trump y Bolsonaro.

Ambos van por la destrucción de la democracia, usando viejos y nuevos medios, incluso prestados de la democracia, como casi siempre ha sucedido, y como puede verse en sus discursos y narrativas -como dicen ahora-. Ambos ensayan no solo ganar elecciones “libres”, sino apelar a la rebelión callejera y los golpes militares. Por ahora no lo han conseguido, pero el objetivo se acerca; y si las democracias fuertes no hacen algo contundente para contenerlos, gravísimo. Es lo que está por verse; mientras tanto los iliberales avanzan con muchas complacencias y debilidades.

Post sceiptum. Pasa la reforma tributaria, con un regalo de seis billones a sectores privilegiados, para megapensiones, la minería, las iglesias, los fabricantes de venenos dulcificados. ¿Era para beneficiar a la grande y vergonzosa pobreza?

eruedas41@gmail.com

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