martes 02 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

En Colombia las cosas son otro cantar, pues la ocultación de información y la opacidad ya se pasan de la raya y la burla. Baste con ver la creación de cuentas y subcuentas para atender la pandemia, que tienen la magia de convertir los recursos públicos en privados
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Una cosa es Bruselas y otra Bogotá; la Unión Europea y sus sólidas instituciones y otra la fragmentada Latinoamérica. La semana pasada hubo fuerte pulso entre farmacéuticas y la UE en torno al incumplimiento de cuotas pactadas de entrega de vacunas y ¡oh sorpresa! los oligopolios quisieron burlar ni más ni menos que a sus patrocinadores en la investigación y diseño de vacunas contra el covid-19. No pudieron, al menos por ahora; y hasta las supuestas cláusulas de confidencialidad, de opacidad, fueron reveladas en parte. Quedó al desnudo de que trata la “nueva normalidad”, en asuntos que comprometen la salud y la economía mundiales, quedó al desnudo de que va la moral y la ética ante las tragedias que nos afectan a todos. No es nada nuevo, así ha sido siempre; y siempre los países que el eufemismo llama “emergentes”, es decir pobres y subdesarrollados llevamos la peor parte. A veces también los no tan pobres, pues ya se conocen las cifras que reproducen la asimetría y la desigualdad en la distribución de las vacunas ¿y a qué precios? Unos cuantos países acumulan hasta tres veces las vacunas necesarias para empezar la inmunización global. ¿Para qué?

Por ahora en Europa no se habla de corrupción, pero es difícil que no la haya, dadas las dimensiones de la operación financiera y también política y con un “Brexit” en la sombra. En Colombia las cosas son otro cantar, pues la ocultación de información y la opacidad ya se pasan de la raya y la burla. Baste con ver la creación de cuentas y subcuentas para atender la pandemia, que tienen la magia de convertir los recursos públicos en privados, también con cláusulas secretas o de privacidad, en donde cabe al menos la sospecha de si son reservas de confidencialidad o de corrupción, o ambas cosas, arropadas con la misma cobija. Parece que ya no estamos en Estado de Opinión, sino que hemos dado el salto cualitativo al Estado de Burlas, y no me refiero solo a la peste que nos ocupa ahora.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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