martes 26 de enero de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Los Estados occidentales, aun los más fuertes han resultado debilitados, y no tienen respuestas o armas jurídicas suficientes para regular y meter en cintura la voracidad de los grandes oligopolios
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Ahora, que de momento han dejado a Donald Trump sin sus juguetes con los que tanto daño causó -y causará-, y que nos enfrentamos a la perversión de los gigantes oligopólicos fabricantes de vacunas contra la peste covid-19, toca preguntarse de nuevo ¿quién manda en el mundo? Hace décadas lo sabemos, pero ahora sabemos más. En la raíz encontramos una concentración de la riqueza global jamás imaginada, potenciada por la peste. El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos lo ha llamado “fascismo social”, que no es un fascismo ordinario mussoliniano o un régimen político con tintes nacionalistas, sino un régimen social global; no es una economía de mercado sino una sociedad de mercado, que tiene su referente teórico e ideológico en el neoliberalismo. Los Estados occidentales, aun los más fuertes han resultado debilitados, y no tienen respuestas o armas jurídicas suficientes para regular y meter en cintura la voracidad de los grandes oligopolios, que no solo obtienen fabulosas ganancias, sino que ejercen un poder y control sobre la humanidad, que se percibe incontrolable. Solo Estados tan autoritarios, como China y Rusia, que rozan el totalitarismo, pueden someterlos.

Lo de Trump ha suscitado debates sobre la libertad de expresión y han saltado a la palestra toda clase de argumentos falaces sobre si Twitter o Facebook podían callarlo ¡al emperador! Y sí, lo callaron, después del desastre. Y toda la discusión lleva a una problemática nueva, real, ya anunciada por Orwell, que lleva al extremo el fascismo social, que es el control total de la sociedad: es lo que la socióloga norteamericana Shoshana Zuboff llama “La era del capitalismo de la vigilancia”, cuya monumental investigación del mismo nombre nos devela todos los misterios de los oligopolios que ostentan un nuevo poder mundial, el del control y vigilancia de toda la humanidad: “Un nuevo orden económico que reclama para sí la experiencia humana como materia prima gratuita aprovechable para una serie de prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas.” Un movimiento que aspira a imponer un nuevo orden colectivo basado en la certeza absoluta.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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