lunes 18 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

No sé si se trate de pedir o exigir perdones, pero si de asumir una actitud crítica y honesta para comprender el sentido y la dirección de nuestra historia.
Escuchar este artículo

La imperiofobia y las leyendas negras irrumpen de nuevo con mucha fuerza, exigiendo perdones y disculpas, tumbando estatuas y cambiando nombres de sitios, como calles, plazas, universidades, y hasta de Estados. ¿Volvemos a la Nueva Granada? Tampoco; nunca hemos tenido un nombre que evoque nuestra existencia primigenia, antes de la visita eterna de Colón. Hay mucho de populismo histórico en todo esto, que por lo general sirve a los extremos de la escala política, desde indigenismos románticos, hasta refritos fascistas, como los de la señora Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, que por poco enarbola de nuevo los Evangelios y la espada, aupada por la recalcitrancia de los viejos -y a veces no tan viejos- barones del PP. Unos exigen perdones, como López Obrador y otros espetan soberbia, arrogancia y profunda ignorancia, como la señora Ayuso: y el papa Francisco a pedido a su Iglesia reflexionar sobre las responsabilidades y abusos en la gesta conquistadora y “civilizadora”, pero no le hacen caso.

Muchas potencias colonialistas -como Alemania, Bélgica o Países Bajos, han pedido esos perdones, acompañados de una política de reparaciones materiales simbólicas, y de cambio de visión de lo que fue su conducta criminal, destructiva e inhumana, por ejemplo, en África. Otros nunca lo han hecho como el Reino Unido, o los conquistadores del oeste norteamericano. No sé si se trate de pedir o exigir perdones, pero si de asumir una actitud crítica y honesta para comprender el sentido y la dirección de nuestra historia. Bien habría podido pasar que habláramos inglés, chino o árabe; sería irrelevante, pues tenemos lo que tenemos y no la podemos juzgar la historia como una bendición o una maldición o una fatalidad, y sí que menos como algo que tenemos que agradecer. Más vale reflexionar sobre los papeles jugados por las distintas élites locales, que en 200 años no han logrado configurar repúblicas decentes y desarrolladas, ni sacudirse de la mentalidad colonial hispánica, que no nos ha permitido tener un proyecto de nación moderno, justo y decente; o los han frustrado.

Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad