martes 16 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Ahora todo es vacunal: la política y la economía vacunales, el nacionalismo y el turismo vacunales, y la geopolítica de la vacuna, que destruye cualquier escrúpulo diplomático.
Escuchar este artículo

Al inicio de la peste, hace ya un año, muchos filósofos y críticos se precipitaron a decir que se acercaba el apocalipsis del capitalismo neoliberal, pues nada volvería a ser lo mismo después de la COVID-19. Y tal vez no será lo mismo sino peor, pues la nueva varita mágica -las vacunas- bien puede darle un nombre a esta parte del llamado Antropoceno, antes de que todo acabe: la cultura vacunal. Ahora todo es vacunal: la política y la economía vacunales, el nacionalismo y el turismo vacunales, y la geopolítica de la vacuna, que destruye cualquier escrúpulo diplomático. El extremo de la instrumentalización de la vacunación, amparado por el secreto industrial y su maquinaria de artillería pesada de marcas y patentes. Como ya forma parte de la naturaleza -casi muerta-, la expresión “crisis global” no conmueve a la mayoría, y los “terraplanistas” y otros negacionistas y “conspiranoicos” se mueven a sus anchas, manipulando y engañando enormes masas de población, desde analfabetas absolutos y funcionales hasta capas “cultas” capaces de exhibir diplomas doctorales, con los que acceden a altos cargos del Estado.

La manera como se mueve el negocio farmacéutico, el acaparamiento de la producción por unos pocos países -Canadá tiene 10 veces más dosis que las necesarias- ha llevado al director de la OMS a avisar de un “fracaso moral catastrófico” en Occidente. China y Rusia meten mano con sus vacunas, y algunos dirigentes de la UE ya temen una toma europea por parte de China. Ante la catástrofe moral, China se ha atrevido a lanzar -con todo cinismo- la gran pregunta a Occidente: ¿dónde están los Derechos Humanos a la hora de distribuir y negociar la vacuna? Negocios son negocios, no importa que se trate de enviar almas al cielo, vacunas, comida o calentamiento global. Y sí, el mundo va a cambiar a mediano y largo plazo; mantengamos el optimismo trágico para poder pensar que tal vez tengamos una opción más de duración como especie. Antropoceno está ahí, impasible, como el virus Sars Cov -2 y su mutante y antipática parentela.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad