martes 10 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

el problema es más serio que la delimitación burocrática de un páramo o de una reforma tributaria que nos harán más pobres o más ricos...
Escuchar este artículo

Acaba de terminar la COP25 en Madrid, y creo que el logro más visible no es lo que dijeron o no dijeron los líderes políticos sobre la gravedad e irreversibilidad del cambio climático, con cargo específico a la especie humana, sino el crecimiento de la conciencia social sobre la crisis, de manera especial en los jóvenes y niños. La próxima generación de líderes mundiales, también regionales o locales dispondrá de mejores conocimientos y compromisos urgentes, reales y concretos. Pero la situación es tan inminente, que el paso de una generación puede ser demasiado tarde, pues hemos gastado todo el tiempo disponible para frenar el aumento de la temperatura, y la mayoría de ecosistemas han entrado en estado de irreversibilidad y de colapso. Sufrimos las consecuencias en muchas regiones del mundo, y el número de víctimas y de desastres nos afectan día tras día. Hay que ser claros y contundentes: el colapso planetario lleva varias décadas destruyendo nuestra única casa. Y nosotros, como ciudadanos del mundo, creemos que las cosas sí son graves, pero suceden en otras partes, y modificamos poco o nada nuestra relación con el entorno, como si se tratara de “un otro” independiente de nosotros.

Un reciente libro, ya disponible en castellano, ‘El Planeta Inhóspito; la vida después del calentamiento’, de David Wallace-Wells, es una de las mejores Biblias disponibles sobre el tamaño del desastre, y ofrece un panorama detallado y sintético, documentado, sobre el estado del arte del calentamiento; una imagen desoladora sobre lo que ya nos llega al cuello, como por ejemplo la muerte por calor, la hambruna, el ahogamiento, los incendios, los desastres ya no tan naturales, las plagas, los océanos moribundos, el colapso económico, los conflictos migratorios climáticos, el colapso de todos los modos de viva derivados de la burguesidad de la vida, como diría Thomas Mann.

Así que el problema es más serio que la delimitación burocrática de un páramo o de una reforma tributaria que nos harán más pobres o más ricos.

No lo duden, ya estamos en el planeta inhóspito.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad