martes 18 de junio de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Los populismos han dejado de ser una característica del Tercer Mundo; y ahora tenemos un populismo globalizado

Vuelven los gurúes del Centro Democrático con la tóxica idea del Estado de opinión, en vista de que las opciones democráticas no les funcionan para asumir y controlar el poder. Es degradación total de la democracia participativa, y recurrencia a lo que Robert Paxton llama “pasiones movilizadoras”, basadas en la construcción de sentimientos de crisis abrumadoras, déficit y descrédito de la democracia; y proponen como camino providencial populismo en todas sus versiones, siempre extremistas, violentas y caudillistas. Son de vieja data en América Latina y algunos perduran hasta nuestros días, como el peronismo, una amalgama multicolor incomprensible hasta para los propios argentinos, sumidos en la confusión para las próximas elecciones, con alianzas que desafían el absurdo.

El mexicano Enrique Krauze es uno de los estudiosos contemporáneos que más ha caracterizado al populismo latinoamericano, sobre todo el dado con Chávez, y ahora con López Obrador. Se ha escrito mucho sobre esta realidad política, de difícil definición y distinción con otros movimientos autoritarios, que guardan un aire de familia con el fascismo, sin que lleguen a serlo. Más allá de los usos peyorativos, “fascismo” es una categoría política muy gelatinosa. Los populismos han dejado de ser una característica del Tercer Mundo; y ahora tenemos un populismo globalizado, casi siempre de extrema derecha, que recorre al mundo como una marea negra de intolerancia y exclusión, no vista desde la II Guerra Mundial –como recuerda Diego García-Sayan, El País-, que puede responder a problemas reales, pero que va mucho más allá, caracterizado por xenofobia, racismo, nacionalismo belicista, caudillismo e intolerancia; y con ataques frontales contra las instituciones democráticas y los Derechos Humanos. El uso intensivo –gracias a la alta tecnología comunicacional- de medios como “fakenews y deepnews, es decir, el uso masivo y global de la mentira política, puesto de moda por Trump y sus fieles creyentes seguidores, es una grave amenaza. No somos ajenos –sino también víctimas- a estas novísimas técnicas de engaño y manipulación, muy propias de los impulsores del Estado de opinión.

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