martes 20 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

La caída y expulsión –arrogante y soberbia de Claudia López de El Tiempo demuestra hasta donde hemos avanzado en la construcción de un régimen político autoritario. En otros países del entorno, los gobiernos han actuado en directo contra la libertad de expresión y de pensamiento.

Aquí ni siquiera es necesario. Tenemos como telón de fondo el miedo y el terror. El affaire López es significativo, puesto que señala el camino hacia la tiranía mediática en el principal diario seminacional, puesto que el copropietario y cogobernante Planeta, que sigue el faro del conservador  Partido Popular de España –el heredero político y 'civilizado' de Franco ,  no es inocente en todo este mal asunto.

Está también la dificultad de los diarios actuales: informar, comunicar, elaborar juicios críticos, es decir, conocimiento sobre los asuntos de interés nacional,  o  esconder y tergiversar en  favor de intereses particulares. No podemos permitir  una supuesta  libre expresión totalitaria, en donde la libertad de prensa se confunde con las escrituras de propiedad privada de los medios de comunicación. Estamos ante el problema del control de la mente, en donde el entretenimiento y los realities  juegan un papel fundamental, que conducen hacia el Gran Hermano orwelliano. Hace un tiempo leí en un artículo de Gregorio Selser: 'Pasaron los tiempos en que se entraba en posesión de un diario o una radio con la misma naturalidad con que se compraban acciones de una empresa metalúrgica o una naviera, o en que se veía  a un diario como un «negocio. Controlar y poseer hoy una publicación, una radio o un canal de televisión es un acto eminentemente político.' Una cosa es la propiedad privada de los medios y otra la monopolización y la captura del derecho a la libertad de prensa, la libre expresión, el derecho a la información veraz, completa, válida y oportuna. No es la 'última columna' de Claudia López lo que se castiga, es un estilo periodístico, y debe entenderse como advertencia y amedrentamiento para quienes intentan la crítica a un gobierno que pretende descoyuntar la democracia y perpetuarse en el poder. Lo de Claudia López era el juego maquiavélico de la  honestidad intelectual o de deshonestidad política. Y jugó a lo primero.

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