martes 20 de julio de 2021 - 12:00 AM

Palabras Inútiles

el pueblo cubano merece ya la oportunidad de recuperar la decencia política, que no es cayendo en brazos de una voraz derecha que espera dar su gran zarpazo, y qué mejor que con una falaz defensa hipócrita de los derechos humanos.
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Curioso, pero no sorprendente, que la ultraderecha pretenda apropiarse de la protesta social de Cuba. Tampoco sorprende que la izquierda - ¿debo decir ultraizquierda? - guarde silencio reverencial y vergonzoso. Que Uribe, Abascal y los nostálgicos franquistas expresen lo que en la práctica niegan en Colombia y España es ya el colmo del nacional-cinismo-cretinismo, hasta el punto de exhibir una ridícula posición en el Consejo de Seguridad de la ONU, como hizo la vicepresidenta-canciller. Nunca han dicho “Abajo el bloqueo”. Pura miserable politiquería. Y vuelve el sempiterno argumento de Fidel: la imperiofobia, la leyenda negra del bloqueo, y no es porque el bloqueo no haya sido real y siempre criminal. La imperiofobia, las leyendas negras sobre imperios pasados y recientes han funcionado por siglos y han estado soportados por abundante argumentación. AMLO en México quiere que el Rey de España, hincado de rodillas, pida perdón por todos los males recibidos del Imperio Español. Por supuesto, aquí no hay inocentes; ni en Roma, Rusia, Estados Unidos; ni con Napoleón o Gengis Kahn. ¿Poner reversa a la historia, tumbar estatuas? Hace un par de años he leído la fascinante investigación de la profesora española María Elvira Roca Barea “Imperiofobia y leyenda negra” en el que descubre las raíces propagandísticas y nacionalistas, que por lo general están en la base de los movimientos imperiofóbicos.

Hasta un fantasmal Raúl aparece para hacer una “reafirmación revolucionaria”. ¿Lo puede creer la nomenclatura cubana siquiera? Esos tiempos gastaron ya “su tiempo” y el pueblo cubano merece ya la oportunidad de recuperar la decencia política, que no es cayendo en brazos de una voraz derecha que espera dar su gran zarpazo, y qué mejor que con una falaz defensa hipócrita de los derechos humanos. En Cuba hace mucho las cosas cambian de modo gradual, a veces imperceptible, a veces con fuerza, como ahora. Y la vida cultural da buena cuenta de ello; poetas, novelistas, artistas, periodistas. Leonardo Padura lo narra bien en su última novela “Como polvo en el viento” o en la saga del policía Mario Conde. Sin imperiofobia.

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