martes 06 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Basta ver las cifras del conflicto político armado, de las hectáreas de coca, de la pobreza, del crecimiento económico

Hace ciertas décadas –cuando estudiaba estadística en la universidad– tuve la buena suerte de leer un libro imposible de olvidar Era el clásico de Hans Zeisel “Dígalo con los números”. Por supuesto los números no dicen nada, sino quien los utiliza; más notorio si nos movemos en el campo de las ciencias sociales. Y si esos números los maneja la política o las instituciones gubernamentales interesadas en toda clase de falsos positivos para exhibir “éxitos”, la cuestión es más que preocupante. La mentira política está llena de estadísticas. Los profesores de investigación social insisten en la teoría, el contexto, el interés social y los juicios valorativos que entran en juego. Es decir, que debe existir el rigor, la comprobación, la contrastación; no las autoverdades disfrazadas de científicas, usando sofisticados –o a veces simples –artificios estadísticos. Por ejemplo, Bolsonaro –el antipresidente, como lo llama Eliane Brum– está furioso y no cree en las cifras oficiales sobre la deforestación amazónica. “Si fueran correctas, sería preocupante”, dice el ministro de Seguridad Institucional. Bolsonaro –como Trump– no cree sino es sus autoverdades. Tampoco cree en las estadísticas sobre los crímenes de la dictadura, ni en el cambio climático, ni en los profesores, ni en la ciencia.

En el “arte” de contar también nosotros somos expertos, basta ver las cifras del conflicto político armado, de las hectáreas de coca, de la pobreza, del crecimiento económico. Cuando se llega a extremos, como en Venezuela, no se publican o se miente hasta el negacionismo más brutal, combinado con la imperiofobia. Nosotros todavía no sabemos cuántos murieron en la masacre de las bananeras de 1928. Unos 150 dijeron los masacradores; más de tres mil, dijo un Buendía de Macondo.

Post scriptum. ¿Qué pasa en Estados Unidos? Madeleine Albrigth –exsecretaria de Estado– también pregunta: “¿Y por qué en pleno siglo XXI volvemos a hablar de fascismo? Una de las razones es Donald Trump.” Y evoca a Primo Levy: “Cada época tiene su fascismo”. El Paso puede marcar un punto de inflexión; los electores tienen la palabra y las autoverdades también.

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