martes 11 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Palabras Inútiles

El triunfalismo de Trump es delirante y alucinante. Trump “for ever” ha dicho, coreado por el Senado – ¿un Cuarto Reich?–
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Vivimos tiempos recios, y no me refiero a la última novela del Nobel Mario Vargas Llosa, en la que narra el golpe militar por Carlos Castillo Armas contra el gobierno constitucional y democrático de Jacobo Árbenz, perpetrado por la CIA, con el argumento de siempre: la gran mentira de que Árbenz era un títere de la URSS. Es una vieja y larga historia –una más– de infausta y fatídica recordación en América Latina; con la salvedad o la novedad, ahora, de que es el propio gobierno, el de Trump, el que da autogolpes, con la indispensable colaboración de su propio partido, y con el mismo método; la gran mentira. Los titulares de prensa fueron diversos y dubitativos, pues no estaba claro que fue lo que hizo el senado, con una sola excepción, si fue una exoneración o exculpación, o fue tolerado, o solo fue culpa venial, y por tanto absuelto; pero quedó clarísimo que no era inocente; y el Senado no desvirtuó que los cargos contra el presidente fueran farsa o persecución política, como siempre vociferó Trump y su defensa; y al Senado no le parecieron gravísimos el abuso de poder y la obstrucción a la investigación, no solo por acción u omisión directa de la Casa Blanca y Trump, sino que el mismísimo Senado republicano, añadió sus propias obstrucciones, y hubo “juicio” sin testigos.

La comunidad jurídica institucional y académica, norteamericana y mundial, tienen razón en estar consternados. El triunfalismo de Trump es delirante y alucinante. Trump “for ever” ha dicho, coreado por el Senado – ¿un Cuarto Reich?–; mientras el modesto Hitler habló de un Tercer Reich de mil años. Tal vez sea consolador que el Tercer Reich contó de modo necesario con el apoyo de la casi totalidad de la población alemana y sus socios europeos y asiáticos, y solo duró 12 años, mientras que menos del 50 % de gringos apoyan a Trump, por ahora, y no sabemos si están dispuestos a ir de la mano al despeñadero, con el agravante de cargarse al mundo entero.

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