martes 17 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

no tenemos ni queremos ningún David providencial que pueda salvarnos, porque ya sabemos a dónde conducen los caudillos populistas,
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Casi todo el mundo –sí, casi– ha destacado el colosal error de Márquez & Cía. de volver a insistir en lo fracasado y anacrónico, en la lucha armada y sus terribles y horribles consecuencias, para hacer política y resolver los problemas fundamentales del país. No nos pueden pedir tanta amnesia y tanta desmemoria, para reimpulsar una guerra absurda, inútil y cruel.

Pero también es la hora de preguntar al Gobierno y a los señores de la guerra cuánta responsabilidad les cabe por impulsar o desear –por acción u omisión– esa torpeza. No se puede ser tan ingenuo o tan estúpido, y pensar que el Gobierno no sabía que lo de Márquez & Cía estaba en marcha; hasta que aparece el idílico señor Márquez con su pseudorretoóica a decírnoslo: “Desde la Inírida, que acaricia con ternura las aguas del Orinoco, sitiados por la fragancia del Vaupés, que es piña madura, anunciamos al mundo que ha comenzado la segunda Marquetalia”. ¡Lo que pensaría Marulanda! Pobre.

No se pueden minimizar las circunstancias por absurdas que parezcan, porque son anuncios gravísimos.

Pero como enseña Monterroso en algunas de sus fábulas, las cosas no son tan simples, y a veces el Mal, por malo que parezca, no es tan malo; y se sacrifica para evitar que el Bien sea a bueno; y así puede salvarse. Algunos creen que para salvarse hay que unirse siempre a los filisteos.

El error de Márquez bien puede significar el ocaso definitivo de quienes no pueden imaginar una Colombia sin conflictos armados; y en estas circunstancias corresponde a la sociedad civil rechazar de plano las pretensiones de guerra interminable.

Unirse siempre a los filisteos no es garantía de éxito, puesto que ya estamos hasta la coronilla de filisteos, y no tenemos ni queremos ningún David providencial que pueda salvarnos, porque ya sabemos a dónde conducen los caudillos populistas, y cómo se van matando las democracias, poco a poco, y sin necesidad de los cruentos y truculentos golpes de Estado de antaño.

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