martes 21 de abril de 2009 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

Crece el consenso nacional –como la audiencia del poeta Zalamea-  sobre la inconveniencia para la democracia colombiana de una nueva reelección del Señor Presidente.

Por la sencilla razón de que esto ya huele no solo a dictadura sino a tiranía, por cuento desvertebra hasta el último hueso del aparato del Estado Social de Derecho que tanta sangre, sudor y lágrimas ha costado al país en los últimos cien años, o desde 1948, con el detonante del crimen de Jorge Eliécer Gaitán. La  nueva reelección significa poder absoluto en una sola mano, así la apariencia formal de la división de  poderes se mantenga.

Hacer 'todo lo que sea necesario' es igual a usar los medios democráticos para instaurar la dictadura, y es inaudito que a estas alturas nos vengan con el argumento trivial y banal de que el 'pueblo' así lo quiere, sin importar que la 'voz del pueblo' hable por medios torcidos y oscuros, como el referéndum promovido por el señor Giraldo. Como en la Inquisición medieval –piensa el reeleccionismo irracional-  si el objetivo se juzga bueno para el panuribismo, buenos serán todos los medios para conseguirlo.

Estamos en presencia  del uso arbitrario de la ley para  hacer del texto constitucional el amasijo que mejor convenga, recurriendo a referéndums retorcidos o a actos legislativos avasallantes. Todo está permitido para el santo fin de una nueva reelección, incluso la arbitrariedad como ley; como en los Estados fascistas que poco a poco van eliminando la libertad y el respeto a los principios esenciales y elementales de la democracia real.

Con la utilización de medios democráticos para imponer la dictadura nunca es tan cierto el aforismo de Karl Kraus, ese gran pensador austríaco, verdadera potencia moral de la convulsionada Europa de entre guerras: 'La democracia significa poder ser esclavo de cualquiera'.   La reelección indefinida equivale a la desintitucionalización total del país y a la conversión de la 'seguridad democrática' en simple y llana antidemocracia. Adherirse al poder como una garrapata suena muy sospechoso y delata un miedo inconmensurable. ¿De qué?.

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