martes 16 de junio de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

El racismo no desaparecerá suprimiendo el arte, la literatura y la escritura, que desde perspectivas “correctas” o “incorrectas” ha producido el pensamiento humano...
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Las protestas racionales, irracionales y viscerales son inevitables, y tal vez necesarias, cuando ocurre un hecho de exceso de bestialidad humana, como el homicidio de George Floyd. Digo “bestialidad”, a sabiendas de que las bestias no tienen nada que ver, y, por el contrario, han sido violentadas y asesinadas desde que el “homo sapiens” comenzó a apropiarse de toda la naturaleza. Hechos como el racismo son humanos, demasiado humanos, de los que el proceso de civilización puede salvarnos, sin duda alguna. ¿Cuántos siglos más hay que esperar? Puede que estemos en un punto de inflexión, puesto que en las últimas décadas ha habido cambios fuertes y definitivos para eliminar tamaña lacra.

Las protestas han incluido hechos preocupantes de corrección histórica, sobrepuestos a los de la corrección política, correcciones que en América Latina son recurrentes a propósito de la llegada de Colón y la apertura de la conquista y colonización del Continente. Pero una cosa es el análisis crítico y otra la “imperiofobia” hispánica. Por supuesto, nadie da las gracias por los genocidios y la destrucción de las civilizaciones precolombinas; civilizaciones que hasta tocaría cambiarles el nombre, porque fobia es fobia. Así que los grandes navegantes son objeto de la furia desatada contra todos los que abrieron caminos y modos de producción que necesitaron el esclavismo.

HBO retira −en un alarde de corrección política e histórica− “Lo que el viento se llevó”, en estúpida concesión a la opinión pública impresionada por una atrocidad, impresión que se derretirá cuando aparezca una nueva. El racismo no desaparecerá suprimiendo el arte, la literatura y la escritura, que desde perspectivas “correctas” o “incorrectas” ha producido el pensamiento humano, demasiado humano, que ha recreado el esclavismo y el racismo; y nos tocaría “corregir” casi todo el legado de la Antigüedad clásica, del cristianismo, y cualquiera otra cosa que pueda sensibilizar nuestra “corrección” histórica, según nuestros más caros y queridos prejuicios. Nadie ha vuelto a comprar haciendas esclavistas después de ver la película; ni el mundo ha dejado de ser nazifascista, pese a la prohibición de “Main Kampf”.

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