martes 25 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Sxxxx.
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Parece existir un “continuum” -como dicen los sociólogos- entre la matanza de líderes sociales, excombatientes, defensores de derechos humanos, reclamantes de tierras, a veces periodistas, estudiantes y profesores; y ahora niños y jóvenes. ¿Mañana, el turno para quién? El gobierno saca del baúl de justificaciones para toda ocasión, frases hechas, tópicos, prejuicios y eufemismos. Amanecimos conque ahora no hay masacres sino “homicidios colectivos”, como en todos los gobiernos; total, aquí no pasa nada, solo unos números para la estadística, el horror banalizado y trivializado. No podemos caer en ridículas disputas bizantinas, puesto que Bizancio merece respeto, y lo que nos pasa se ha llamado siempre barbarie y terror; la pretensión de romper todas las reglas morales y disolver las condiciones mínimas de respeto a los principios básicos de justicia y de los Derechos Humanos, e imponer una estrategia de terror y miedo, para establecer o mantener un régimen perverso y degradante de la persona humana; un régimen como mínimo primo hermano del totalitarismo.

El genocidio puede ser considerado también un “homicidio colectivo” por los genios doctrinarios del gobierno, y así se esfuma este tipo penal, que no nos es ajeno, y la sumatoria continuada de masacres en el tiempo y en marcos geográficos definidos, bien pueden configurarlo. La masacre es un punto de partida de destrucción de no combatientes, que implica un cálculo político frio de los responsables, y revela un rito de paso, una estrategia deliberada de terror y miedo, que además pretende manipular la memoria y controlar o anular el conocimiento. Sin embargo, pese a todos los embates, “El pasado nunca muere: ni siquiera es pasado”, recuerda un viejo residente sureño a la escritora Jean Didion, cuando revisitó las tierras de William Faulkner, para ver que tanto había cambiado el país después de la Guerra Civil, y le recordó esas palabras contundentes del gran escritor. La periodista Amanda Mars -El País- nos deleita con esa crónica. El racismo persiste, las masacres continúan, pero no son, no pueden ser eternas, y el país debe cuidarse de entretenimientos tóxicos; como el covid-20 .

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