martes 31 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Los conflictos sociales y las protestan terminan en punta este fin de año, en donde el gobierno pareciera estar en otra galaxia, desoyendo los reclamos, la indignación y los llamados a tomar decisiones
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El año 2019 deja un estado de cosas preocupantes, pero a la vez con condiciones decisivas para emprender acciones políticas y legislativas que sin duda llevarán al país por una buena senda, pues es bastante difícil imaginar algo más catastrófico.

Los conflictos sociales y las protestan terminan en punta este fin de año, en donde el gobierno pareciera estar en otra galaxia, desoyendo los reclamos, la indignación y los llamados a tomar decisiones que mejoren de manera sustancial las condiciones de decencia, justicia y equidad. Las decisiones fueron tomadas en contravía de estos sentimientos nacionales, y el malestar –por las festividades de Navidad y de fin de año– es un malestar contenido, a la espera de decisiones adecuadas. Está claro que sin el uso del derecho legítimo de protesta no se conseguirá nada, como lo han demostrado todos los países en donde la indignación está desbordada, por múltiples razones, pero casi todas tienen como hilo conductor un déficit de democracia y una crisis de la era neoliberal, que ya parece tocar a su fin, o por lo menos a reformas drásticas. sobre todo en lo que se refiere a la redistribución de la riqueza, pero también por el cambio climático, que requiere ir mucho más allá de los problemas distributivos y de las ideologías.

De los políticos no se puede esperar sino lo que la sociedad civil les exija, pues no nos caerán del cielo –como Santa Claus– miríadas aladas de supuestos benefactores expertos en prometer lo que no puede cumplirse antes de ser elegidos.

El ejercicio de exigir la responsabilidad política es tan sagrado como el derecho legítimo a la protesta, y en esto los colombianos tenemos mucho que aprender de nuestros vecinos y de otras latitudes.

El Año Nuevo viene cargado de mucho dinamismo y de enormes posibilidades para un mundo mejor, no como una gracia sino como una exigencia inaplazable que está en nuestras manos; y con Lichtenberg digo: “....yo no puedo decir si mejorará cambiando, pero al menos puedo decir que tiene que cambiar para mejorar”.

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