martes 22 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

Siempre tenemos los consabidos balances de fin de año, las listas de los mejores en múltiples campos; los Nobel, los mejor o peor vestidos, los mejores periodistas, los mejores poetas, los mejores políticos y gobernantes.

Cada quien puede hacer  lista de acuerdo con  sus intereses sociales, políticos, financieros; pues los premios no son neutrales. Cuando alguna vez le preguntaron a Borges porqué no ganaba el Nobel, el dijo con su habitual y aparente modestia que no es que él no mereciera el Nobel sino que el Nobel no lo merecía a él.  Acaba de publicarse la lista de los  Top 100 Global Thinkers  de la revista gringa Foreing Policy. Por supuesto la encabezan Ben Bernanke, de la Reserva Federal, y Barak Obama. Están acompañados por 68 estadounidenses más, nativos o nacionalizados.  De lejos le sigue el Reino Unido, con apenas ocho.

Las potencias emergentes –BRIC-  India y China, a duras penas cinco, Brasil uno y Rusia  cero pensadores globales, según la revista. Hispanoamérica salva el honor con  Fernando H. Cardozo, dos veces presidente de Brasil,  el escritor peruano Mario Vargas Llosa y el investigador social Enrique Krauze, de México. España pone uno, el súper juez Baltazar Garzón.  América Latina aparece, pues, como un erial. Ni qué decir de África, y aún de Asia, con las debidas excepciones. La geografía del pensamiento aparece tan asimétrica como la distribución de la riqueza mundial, y los mejores cerebros son una especie de  comodities  o materia prima más que fluye a los grandes centros de poder mundial. Si a esto sumamos la mísera participación de la educación de los llamados países subdesarrollados en el PIB –y en particular Colombia- , pues estamos condenados por toda la eternidad. Nos deja apabullados la lista de Foreing Policy; es la dura realidad de  la relación poder/conocimiento, y así ha sido siempre, desde los imperios antiguos a los presentes. Y que el Niño Dios nos proteja en este país del Sagrado Corazón, en donde religión y clientelismo, magia, milagros y Satán  desplazan a la ciencia y a la técnica como elementos medulares de la democracia moderna, como bien reseña Salomón Kalmanovitz  ayer en El Espectador.

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