martes 27 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

¿Es imposible construir la verdad histórica? Los hechos están ahí para descubrirlos, contarlos, analizarlos, para establecer juicios valorativos y objetivos
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A estas alturas de nuestra autoproclamada vida republicana es probable que ya hayamos superado la edad de la inocencia –que siempre se pierde a punta de golpes, frustraciones y conocimientos– como para temer por el relato único que pretenden presentar las Fuerzas Militares sobre el papel de la institución en el conflicto armado, desde 1958. Un relato “coordinado”, dicen, lo que suena a eufemismo de “verdad única”. El padre De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, dice que bienvenido ese relato, para que juegue con lo que el escritor nigeriano Chinua Achebe –el de la magistral novela “Todo se desmorona”– denomina “un equilibrio de relatos”– puesto que una verdad única no existe. Esa pretensión es un peligro y una catástrofe, que ha llevado, incluso, a la destrucción del mudo clásico de la Antigüedad a manos del cristianismo. Ese fascinante equilibrio de relatos nos lo describe con erudición, lucidez e intensidad la historiadora británica Catherine Nixey en “La edad de la penumbra”.

Otra joven y prolífica escritora nigeriana –Chimamanda Ngozi Adichie–nos ha dejado en su célebre ensayo o discurso “El peligro de la historia única” varias enseñanzas, como que es imposible hablar de relato único sin hablar de poder, de poder opresivo, destructivo, negador; y que es importante tener muchas historias y todas importan; las que “se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla.” Así que en el “equilibrio de relatos” no está mal que llegue uno más de la cúpula de las Fuerzas Militares. El verdadero peligro es creerlo e imponerlo como único; es imposible y nadie puede hacerlo. ¿Es imposible construir la verdad histórica? Los hechos están ahí para descubrirlos, contarlos, analizarlos, para establecer juicios valorativos y objetivos que nada tienen que ver con el negacionismo o el inadmisible relativismo que pretende evaporar las realidades acontecidas. Es función de los historiadores revelar las zonas blancas, oscuras o grises, y eso requiere método, paciencia y mucha imaginación.

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