martes 29 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

... ahora la Ocde viene a recetarle a Colombia lo que acaba de fracasar en Chile. ¿Vamos a permitirlo?
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En 1930 Sigmund Freud publicó ‘Malestar en la cultura’, en un ambiente muy perturbado por la irrupción de movimientos de masas, como el nazifascismo. Muchos analistas nos muestran que el mundo actual es bastante parecido a lo que ocurría en el de entre guerras mundiales, y sobre todo, por el gran “crack” de 1929. Casi no se lee a Freud hoy, pero este libro nos da muchas claves, ahora que profetas y no profetas presagian la muerte de las democracias. Un estudio más contemporáneo, de la canadiense Naomi Klein -‘La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre’– nos ilustra sobre cómo, por qué y dónde, utilizar el capitalismo del desastre, en especial en los países que sufren crisis profundas, de las que no pueden salir, sin la aplicación de un gran plan de choque, de obligada aceptación. Y el gran maestro fue Milton Friedman y sus ‘Chicago Boys’. Hasta ganaron Premio Nobel en 1976. Fueron los reyes indiscutibles del neoliberalismo. Chile fue uno de los “beneficiados” del dios Friedman; y con la ayuda de Pinochet y su cruenta dictadura, el país se volvió un modelo a seguir, que fue usado en muchos otros países o ciudades.

Ahora la sociedad chilena no pudo aguantar más, pese al decorado de las cifras, y su indignación parece haber tomado por sorpresa (¿?) al gobierno. Al FMI, el Banco Mundial y hasta a los partidos políticos tradicionales, de derecha e izquierda; no sospecharon el malestar soterrado en la cultura. Y ni Chile ni América Latina soportarán más golpes o dictaduras. Vendrá un nuevo Contrato, dicen, que esta vez no sea una vana ilusión sino un ejemplo real para el resto de América Latina. Pero ahora la Ocde viene a recetarle a Colombia lo que acaba de fracasar en Chile. ¿Vamos a permitirlo?

Post scriptum. Los resultados electorales del domingo muestran un giro –a veces insospechado– por la paz, la tolerancia, la justicia, la anticorrupción y la dignidad humana. Lo de Bogotá es impresionante; y por supuesto Bucaramanga, Medellín, Cartagena...

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