martes 23 de julio de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Al señor Arias se le presenta como perseguido político e inocente, pero lo claro es que todos los fallos, los de la Corte, la Fiscalía, la Procuraduría y el Consejo de Estado han sido en su contra.

Lo que debe acabarse en Colombia es el cuento de los “aforados”. Dicen que los pobrecitos sufren gran injusticia porque la Constitución les otorgó el más alto privilegio para juzgar sus presuntos crímenes, mientras que al más infeliz ciudadano de a pie, la doble instancia.

La comparación no es odiosa sino ridícula, en un país donde reina la no-justicia para la mayoría, y la impunidad es casi de tres dígitos. Debemos ser claros y civilizados; que haya doble instancia para todos los ciudadanos, y que se elimine el rollo de “aforado”, ni siquiera para el presidente de la República. Sin el “affaire” Arias, que afecta la soberbia uribista –recordar que la soberbia es hinchazón y no grandeza– es probable que el problemilla estaría lejos en la agenda legislativa, y sí que menos con la pretensión de que sea retroactiva y hasta inmediata, pues basta con una salita temporal de la CSJ, como si se tratara –como no– de un “simple articulito” de ingrata recordación. Además, dan por sentado (¿?) que el fallo nuevo sería absolutorio.

¿Un triunfo del Estado de opinión? Caramba, qué pena con el señor Donald Dworkin y sus derechos en serio. Este país es del Sagrado Corazón, pero tampoco hay que exagerar, ni nosotros somos todos unos hatos de estúpidos.

Al señor Arias se le presenta como perseguido político e inocente, pero lo claro es que todos los fallos, los de la Corte, la Fiscalía, la Procuraduría y el Consejo de Estado han sido en su contra; y además comete el imperdonable error de fugarse ya condenado –no siempre hay que obedecer al patrón– a los Estados Unidos. La justicia de ese país –que goza de sacrosanta reverencia en nuestra República– no reconoce su supuesta inocencia ni persecución, y lo extradita al país como lo que es, un condenado por la justicia colombiana, en un proceso judicial limpio y transparente.

Post scriptum, Trump dice que no tiene ni un hueso racista. Claro; es todo el esqueleto, pero sobre todo el cerebro y su visión del mundo.

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