martes 26 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Sxxxx.
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El otro día leí un grafito en un campo universitario: “Se respeta la libre expresión, pero no hable mucho”; y con motivo de la marcha del 21N se desató una feroz campaña en la que se aseguraba la garantía del derecho constitucional a la protesta pacífica, y podríamos hacer un nuevo grafito que agregara “pero es mejor que no salga”; y la campaña tuvo –y tiene–como sustento la creación de una atmósfera de pánico, miedo, terror, violencia, como bien describen los manuales de sociología urbana el manejo de masas con las teorías del caos y del pánico colectivo y de masas, muy a la moda ahora que en todo el mundo se ha desatado la protesta, la indignación, por la precarización de la sociedad, por la hiperconcentración de la riqueza en muy pocas manos, tendencia hasta ahora imparable, pero que ya preocupa y asusta a los más avezados magnates como Soros, Gates, Bezos, y comienzan a proponer que deben crearse mecanismos de distribución que hagan del mundo un lugar más equitativo y sostenible –sobre todo sostenible – pues vamos derechito al más insondable abismo. Gates estuvo muy impresionado por la lectura del libro de Thomas Piketty “Capital del siglo XXI” (2013), y tal vez lo asombre el nuevo –que ya aparece en castellano – “Capital e ideología”.

Pese al pánico-miedo-violencia, la marcha y los impensados cacerolazos fueron un éxito; y también los vándalos hicieron su trabajo, pero esta vez quedaron demasiado en evidencia en cuanto a su origen y pretensiones de desvirtuar la protesta legítima y pacífica; fracasaron, pero volverán, pues no se ven buenos augurios ni voluntad política por parte del gobierno para entrar a fondo en la solución de los problemas más estratégicos; y vemos un intento de burocratizar, volatilizar y banalizar la protesta con “conversaciones” a las que ni siquiera se ha invitado a los organizadores principales. Tal vez no podemos pedir lucidez y eficacia a un gobierno que brilla por no tenerlas; en realidad no vivimos ni siquiera en un Estado de opinión sino de ceguera.

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