martes 25 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Hay un problema muy serio fundado en una confusión o prejuicio: que los padres de familia se arroguen –como absoluto– el derecho a la educación de sus hijos.
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Hay debate nacional en España con ocasión de la implantación del llamado “pin parental” en Murcia, con el que pretenden prohibir que las escuelas públicas desarrollen ciertos temas “complementarios” al plan de estudios, alegando el derecho absoluto de los padres a determinar la educación de sus hijos.

La problemática –cómo no– ha estado centrada en la educación sexual, pero puede ir a cualquiera otra asignatura como cultura religiosa, historia de la ciencia o cualquiera otra historia del país o del mundo.

Y por supuesto, es problemático, pero otra cosa es intentar prohibirlo, y someter a los niños a la ignorancia y todos los peligros que ello implica para el resto de la vida, para la convivencia y el respeto de la dignidad humana de todos. Está de por medio uno de los derechos más fundamentales, que es el derecho al conocimiento, a la cultura, a la comprensión del “otro” y de mí mismo.

Se denuncian abusos, que nadie duda que ocurran, pero es estúpido creer que un pin parental puede por sí mismo evitarlos. Es un problema de toda la sociedad y no solo de la “educación”. Por ejemplo, la Iglesia católica americana toma un respiro –supongo– cuando ahora estalló el gran escándalo de los abusos sexuales en los “Boy Scouts of America”, hasta el punto de irse a la quiebra ante la magnitud de las posibles indemnizaciones; y no creo que lleve a la desaparición de esa organización y sí que menos de la Iglesia; pero es seguro que no lo vamos a arreglar con un pin parental.

Hay un problema muy serio fundado en una confusión o prejuicio: que los padres de familia se arroguen –como absoluto– el derecho a la educación de sus hijos. Los padres de familia no son propietarios, pero sí responsables de todos los derechos reales y concretos definidos por el Estado y las Declaraciones universales que los protegen, y en ninguno de ellos está la ignorancia.

Y hay otro prejuicio: creer que los niños son idiotas, aun cuando puedan parecerlo por necesidad de supervivencia.

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