martes 02 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

No hay duda; desde el viernes pasado en la tarde se respira un mejor aire en el país. Por esta vez ha triunfado la decencia política y nos hemos salvado de una vergonzosa y calamitosa tiranía. Pero no hay que cantar victoria: la inercia uribista seguirá por mucho tiempo, sobre todo en el Honorable Congreso. Todavía el país no se ha curado del Frente Nacional, que nos sacó de una violencia secular bipartidista para meternos en otra peor, que estamos lejos de extinguir, pero que tendrá que ser superada con una auténtica política de paz que va más allá de los fusiles, como está demostrado hasta la saciedad.

Por primera vez en décadas, la política colombiana tiene una verdadera oportunidad de refundarse. Se equivocan de palmo a palmo, los que creen que los 'herederos naturales' del uribato serán ganadores. Y para comprobarlo basta leer el informe último del Consejo Nacional de Planeación. Casi todo ha sido un desastre. La política económica hizo más ricos a los ricos a costa de aumentar el desempleo y la pobreza, bajar la calidad de la educación, tener una infraestructura catastrófica, un gran crecimiento económico sin redistribución del ingreso y una apocalíptica corrupción. Y ni qué decir de la salud, el talón de Aquiles del final de estos gobiernos. Mucha 'seguridad democrática' selectiva con enormes lunares, de los que se tendrán que rendir cuentas en el futuro -en tribunales nacionales e internacionales- cuando se pretendió convertir al país en un Estado policíaco, en un Estado fascista de Opinión. La 'confianza inversionista', otro de los grandes pilares del uribato, no fue nada distinto que la entrega de una porción enorme de la renta nacional a unos pocos, y la 'cohesión social', no fue más que la campaña populista permanente para perpetuarse en el poder. No la tiene fácil el nuevo gobierno; no tanto porque el Señor Presidente anuncie que desde 'todas las trincheras' –no abandona el lenguaje guerrerista- estará presente hasta el último día de su vida para expresar amor a la patria. Sin duda será una buena oposición, que debemos agradecer, para no olvidar nunca más lo que ha pasado en estos últimos ocho años. En buena medida las dificultades del nuevo gobierno no serán otra cosa que la herencia catastrófica que recibe del uribato.

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