martes 18 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

No guardar silencio, denunciar, exigir; lo peor es caer en lo que los sociólogos llaman la “teoría de las ventanas rotas”, puesto que el deterioro y el abandono tolerados conducen al desastre.
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La inédita protesta estudiantil en la UIS contra el acoso y el abuso sexual, contra depredadores profesores, pero también estudiantes, ha planteado un debate –¿continúa?– de mucho fondo, que toca no solo a la sociedad sino a toda nuestra cultura y civilización contemporáneas, bien se trate de países desarrollados o no ; americanos, europeos, asiáticos o africanos. Soy de los que cree en el progreso, no tanto como idea burguesa, sino como el gradual e imparable cambio en las relaciones humanas de poder, en las conductas aceptables para todos, en el progresivo desarrollo y control de conductas destructivas que atenten contra la dignidad humana. Es un proceso de larga duración, en el que hemos creado hábitos y costumbres, hasta llegar a sofisticadas estructuras de control y poder, incluso al Estado mismo.

Como no podemos esperar sentados a que el mundo cambie para ver si nosotros participamos en la erradicación definitiva de los abusadores y depredadores sexuales, y de toda clase; debemos comenzar por nuestra propia casa, en la escuela, en la universidad o el trabajo, con acciones fuertes, sostenidas y de largo alcance temporal, para alcanzar estándares de conducta decentes y dignos. A nadie se le ocurre, por ejemplo, que legalicemos el incesto o el canibalismo; más bien, los hemos convertido en tabúes. En la escuela y la universidad las acciones deberían ser contundentes y no solo punitivas, pues ya sabemos que no bastan por sí mismas, y por lo general terminan en el fracaso, cuando no en la burla.

Debemos comenzar por marcar una atmósfera de cero tolerancia con el abuso –con toda clase de abusos– pero sin caer en la barbarie de los bárbaros, que nos hace más bárbaros, como bien nos ha enseñado el inolvidable Zvetan Todorov; no podemos permitirnos el regreso al linchamiento y la justicia por propia mano. En Colombia sabemos bien a qué conduce. No guardar silencio, denunciar, exigir; lo peor es caer en lo que los sociólogos llaman la “teoría de las ventanas rotas”, puesto que el deterioro y el abandono tolerados conducen al desastre.

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