martes 24 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

No se desalienten, pues la cuarentena va para largo. No solo el papel higiénico puede ser nuestro consuelo mental.
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No solo he hecho la compra en el supermercado para pasar el prolongado aislamiento, sino que he ido a aprovisionarme de papel impreso en la librería Abrapalabra, que después de casi 25 años, cierra sus puertas, sin cerrarlas, puesto que toma la antorcha, ni más ni menos, que la librería Lerner, con un proyecto que promete lo mejor de la tradición de la actividad librera. No quiere decir que no sienta un vacío y un profundo pesar por el paso dado por Abrapalabra. Gracias Abrapalabra. Habría sido fácil –¿fácil? – la “liquidación total”, pero es una buena apuesta que Lerner asuma y desarrolle un proyecto nuevo. Hubiera sido lamentable que una librería más cerrara en Bucaramanga, tierra difícil para esta clase de establecimientos. Una librería no es un simple amontonamiento de libros; es un lugar cultural de gozo espiritual y de acercamiento social.

Mi última compra incluyó el clásico de Tony Judt “Postguerra”, una gigante historia de Europa desde 1945, un libro apasionado y apasionante, más en estos tiempos, que ya parecen “olvidar” la catástrofe de la II Guerra Mundial. También la compra incluyó lo que promete ser otro clásico literario: la monumental novela –no solo por el tamaño– del italiano Edoardo Albinati “La escuela católica”, que basada en un célebre crimen sexual, pone en cuestión a toda la sociedad italiana y a la educación religiosa. A Albinati los críticos lo ponen a la siniestra o diestra de Thomas Mann y Robert Musil. Parece fascinante. O de contemporáneos como Karl Ove Knausgard –poco o nada conocido en Colombia– con su faraónica obra autobiográfica (seis novelas) “Mi lucha” –nada que ver con Hitler– que bien sigue el estilo proustiano. No se desalienten, pues la cuarentena va para largo. No solo el papel higiénico puede ser nuestro consuelo mental.

Post scriptum. Los ingenieros de la vida saben lo que tienen que hacer con la pandemia. Pero los gobernantes, los que administran en defensa propia, apoyados por políticos expertos en sí mismos –dice Silva Romero–, han hecho perder semanas decisivas para contener al indiferente virus.

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