martes 16 de julio de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Celebramos ahora los 500 años de su muerte, y su existencia para nosotros es tan legendaria, real y ficcional como la de don Quijote

Hablar de Renacimiento italiano resulta, tal vez, una redundancia, pero sin duda marcó la pauta a la gran revolución de la conciencia y el pensamiento europeos. Y en eso estamos todavía, después de tres o cuatro revoluciones tecnológicas y científicas. El Renacimiento imprimió el estilo en las ciencias, las artes y la visión moderna del mundo; el mundo se hizo Mundo. Y todo pasó en cuatro o cinco décadas providenciales. Es difícil –y seguro inútil– destacar una figura estelar de ese período: ¿Miguel Ángel, Rafael, Lorenzo de Médicis, Maquiavelo? La figura señera, el prototipo del hombre del Renacimiento es Leonardo Da Vinci. Celebramos ahora los 500 años de su muerte, y su existencia para nosotros es tan legendaria, real y ficcional como la de don Quijote. Puede que nunca hayamos leído a Cervantes o visto de cuerpo presente a la “Mona Lisa” o “La última Cena”, y todos tenemos algo que decir de ellos, como si fueran de la familia. Fueron genios, y eran mortales de carne y hueso como nosotros.

De Da Vinci se ha escrito hace 500 años, y en vida gozó de grandes mecenas, unos interesados por su arte, otros para aprovechar sus conocimientos e innovaciones para la guerra. No hubo área del conocimiento que no le interesara o investigara, y ante todo le cabe el mérito de hallar la relación entre ciencia, tecnología y arte. No fue un gran teórico y privilegió siempre la observación precisa y meticulosa de la naturaleza, por el solo hecho y placer de conocer, sin importar si esos conocimientos eran inútiles. Llenó miles de hojas –códices– que hubieran podido convertirse en decenas de libros. No le interesó, y como muchas de sus pinturas, no las terminó. No pensaba que “Mona Lisa” estuviera acabada después de 17 años de cargar con ella hasta la muerte.

Ahora que leo la excelente biografía de Walter Isaacson veo que cada letra y cada pincelada de Da Vinci encierran un universo entero. Lo poco visto, toca verlo de nuevo con otra profunda mirada.

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