martes 08 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Palabras inútiles

La ridiculez política podría ser un pasatiempo gracioso si no fuera por las funestas consecuencias tanto internas como externas, que nos pueden llevar por el camino equivocado
Escuchar este artículo

Un decir de la sabiduría popular sentencia que “De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”. No nos salva de nada, pues el paso casi siempre lo damos, y atribuimos la ridiculez a los “otros”. Y más grave cuando esa ridiculez le cae como una tormenta inesperada a toda la República, de la mano del joven Presidente, que pareciera no darse cuenta. La ridiculez, sin embargo, también puede ser un medio de gobernanza, de hacer trivial la política, convertida en el oficio –que no arte– de prometer lo que no puede cumplirse. Pasa en casi todas partes, va desde la Asamblea General de la ONU y recorre el mundo como un fantasma; y se mete en nuestras casas y en nuestras relaciones sociales. Parece un remedio infalible para salir del atasco o para justificar nuestra torpeza y hasta la estupidez inteligente, la que nos impide ser modestos, no aceptar la crítica, preferir la ignorancia; y caer en lo peor: la soberbia del poder.

La ridiculez política podría ser un pasatiempo gracioso si no fuera por las funestas consecuencias tanto internas como externas, que nos pueden llevar por el camino equivocado, hasta provocar verdaderas tragedias. Así que hay que tomársela en serio y ejercer el correspondiente juicio de responsabilidades, porque detrás de todo acto ridículo o estúpido siempre encontraremos un acto fallido o escandaloso que puede comprometer a nuestras más sagradas creencias e instituciones. Hay que cuidarse porque la humanidad no ha logrado –y tal vez nunca lo haga– un remedio curativo para semejante condición humana, que suele agravarse en épocas electorales capaces de convertir a la democracia real en una auténtica ridiculez, Y no nos salva la abstención o el voto en blanco, porque si de pronto gana, tal vez no sabríamos que hacer, y esa sí sería la peor ridiculez; una luminosa estupidez.

Post scriptum: Trump y Uribe ganaron un poco mortalidad: si tienen que responder ante la Justicia. “Memento mori”.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad