martes 05 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

hay muchos paralelismos entre la pandemia de coronavirus actual y brotes históricos de otras pestes; y se destaca la primera reacción de siempre: la negación, la tardanza en reaccionar...
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Hace años –antes de que ganara el Premio Nobel–me fascinó la novela histórica “Me llamo Rojo”, del escritor turco Orhan Pamuk, y desde ahí no he podido soltarlo. Es uno de mis escritores de culto. “Me llamo Rojo” nos introduce en la vida rutilante del Imperio Otomano, todo un fresco sobre el arte, la ciencia, la filosofía, las costumbres, el islam, el amor; todo un mundo interconectado con el Renacimiento. Ahora nos anuncia en reciente artículo en El País –Madrid– que está a punto de publicar una nueva novela histórica, “Nights of Plage”, situada en 1901, una pandemia de peste bubónica que asoló Asia y alcanzó a Europa. Le llevó cuatro años escribirla, pero la idea le rondaba desde hace varias décadas. La presencia de clásicos que lo anteceden parece estar presente, como “El diario de la peste”, de Daniel Defoe; “Los novios”, de Alessandro Manzoni, o “La peste”, de Camus.

Muchas situaciones, que ahora se repiten, han estado presentes en todas las pestes; hay muchos paralelismos entre la pandemia de coronavirus actual y brotes históricos de otras pestes; y se destaca la primera reacción de siempre: la negación, la tardanza en reaccionar, la manipulación de las cifras, la incompetencia y el egoísmo de los gobiernos y los políticos; la búsqueda y justificación del origen del mal, que va desde el origen divino, el destino o la creación de rumores y narrativas de una supuesta conspiración externa; tal cual lo hace hoy Trump. En tiempos antiguos –y no tan antiguos– la manipulación era lenta, y usaba sobre todo medios religiosos. La covid-19 es de nuestro tiempo, pero muchas cosas funcionan como en la Edad Media. El terror, y ante todo la manipulación y el fraude permiten diseñar la política de personajes como Trump y Bolsonaro; y aquí en Colombia, nuestro acicalado joven Duque quiere montarse una popularidad de merengue para distraer a la plebe, y para invisibilizar no solo la “ñeñepolítica”, sino los hatos de ovejas negras y manzanas podridas, inspiradas en la mejor estirpe del régimen madurista.

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