sábado 23 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Cuando grande quiero ser vándalo

Los señores que usan máscaras para destruirlo todo, quedarán impunes. La ilegalidad es su amiga. Yo no, que tendré que seguir lidiando con la legalidad...
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Eso de estudiar, hacer el camino completo sin saltarse la fila está pasado de moda. Lo que por estos lados germina y brilla es taparse la cara y destruir todo. Detalles de ornamentación dirán algunos, como pintar una esvástica sobre un monumento judío, la menorah, que está sobre la Calle 94, conocida como Calle Estado de Israel. Yo, que no vandalizo nada, ni destruyo, tengo que pagar un abogado porque me llegó una comunicación de los señores de la UGPP, que es la unidad de gestión de parafiscales.

Los encapuchados destruyeron el monumento de Los Héroes, en Bogotá.

La carta de la UGPP me dice que debo pagar varios millones de multa, pues no pagué los parafiscales de una cuenta de cobro que he debido radicar (a los abogados nos fascina la palabra radicar). La cuenta de cobro era de menos de 150 mil pesos, y la verdad se me olvidó ir a radicarla. Ahora la UGPP, el frente UGPP, me pide que pague varios millones por no haber pagado los parafiscales sobre 150 mil pesos, que según mis cálculos son menos de 35 mil pesos. También recibí una carta de la DIAN. Hay una inconsistencia en una declaración de renta. La inconsistencia es de menos de 900 mil pesos, pero la multa es de cerca de 28 millones. Me tocará pagarlos. Al Estado les tocará pagar los arreglos de los daños que hicieron los encapuchados. El Estado y el Distrito no tiene bolsillos; son los bolsillos de los contribuyentes que pagarán los daños. El otro mes se cumplen 9 años de haber presentado una denuncia. Yo la presenté en nombre de un cliente que se sintió agraviado. 9 años, y la Fiscalía no ha hecho nada. Los caballeros y las damas que envilecieron la ciudad no tienen problema alguno en prenderle candela a un articulado de Transmilenio. Los delitos que se acusaron en el caso de Interbolsa, donde soy abogado, han prescrito casi todos; otros van camino a prescribir dentro de poco. Los señores que se cubren su cara, que no lo hacen por vergüenza, sino por atemorizar, compran bombas y armas, de todos los tipos. Las compran fácil, sin límite, ni control.

Tengo un carro que está parqueado esperando que la DIAN autorice, hace 18 meses, que entre el país un repuesto. No soy capaz de comprarlo en el mercado negro. ¡Ni más faltaba! Los señores, que quieren protestar y proponer cambios, han decidido que la mejor manera es incendiar el edificio del Icetex. Todo un cambio, un nuevo paradigma ese de buscar cambiar el orden a punta de fuego.

Los señores que usan máscaras para destruirlo todo, quedarán impunes. La ilegalidad es su amiga. Yo no, que tendré que seguir lidiando con la legalidad, como si fuera mi enemiga.

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