miércoles 19 de septiembre de 2018 - 12:01 AM

Decadencia heroica

Por temas laborales debo viajar con frecuencia a Cartagena. Aprovecho el viaje laboral y descanso unos días en la ciudad. Las playas son un muladar como pocos he visto. Quizá el relleno de doña Juana tenga un poco más de basura que las playas de La Heroica, pero no mucho más; los vendedores de todo tipo de matute dejan las playas en un estado lamentable: vasos de plástico flotando en el mar, alimentando las famosas “islas” de basura que se calculan del tamaño de un pequeño continente. No quiero hablar de los animales abandonados, callejeros, que deambulan en busca de comida. Sobra decir que los animales ensucian todo, apenas obvio de criaturas que no saben usar un sanitario. Las famosas carpas, en las que los turistas nos protegemos del sol, lucen como tugurios; están rotas, sucias, remendadas con alambre oxidado. Todo un atractivo para los noruegos que nos visitan. Unos metros más adelante, los vendedores enloquecen con sus gritos; sus megáfonos anuncian gafas, y cremas, y toallas, y otras miles de cosas. Hostigan hasta al más paciente de los budistas. Tocan al caminante, los toman con fuerza del brazo, y el pobre turista, ya sitiado, casi que secuestrado, no le queda más camino que ceder a las presiones del vendedor de chucherías. El servicio de alcantarillado es atroz, inexistente podría decir. Algunas gotas de agua y el tráfico colapsa.

Pero nada de eso importaría, si no fuera por la miseria que se ve en Cartagena. No hay derecho que una ciudad donde el lujo, y el exceso, tengan índices de pobreza, de miseria, cercanos a los de un país africano. Es la tercera ciudad con más pobreza del país, mientras se venden apartamentos de dos y tres millones de dólares. El 30% de la población vive en condiciones de pobreza, mientras que un jugo de mandarina en un buen restaurante vale más de $35 mil. Las niñas son prostituidas, y la famosa Madame se ríe y saca la lengua, en tono de burla cuando es capturada. Ella sabe que se puede burlar, pues en su ciudad no hay justicia. El 5,5% de la población está en la miseria, pero en la marina hay yates de varios millones de dólares, esperando que sean usados. La decadencia es tal, que ya es heroica.

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