domingo 03 de diciembre de 2023 - 12:00 AM

Felipe Zarruk

“Casi me desmayo en esa mierda”

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Columna de
Felipe Zarruk

El médico cirujano Eduardo Valdivieso Mantilla estaba en el estadio Centenario de Armenia la tarde cuando el Atlético Bucaramanga empató el juego ante el Quindío con un golazo del ‘fantasma’ Orlando Ballesteros y de paso sacó el tiquete para jugar la final del torneo colombiano ante el América de Cali.

Este destacado gastroenterólogo narró durante nuestro encuentro que se había metido de cabeza a la directiva del Atlético Bucaramanga por una invitación de Rodolfo González García en 1986, y en 1990 terminó relevando en el cargo de presidente del equipo auriverde al ingeniero Hernando Quijano. Se retiró un par de años y en 1997 regresó gracias al llamado de Rodrigo Barbosa e hizo parte de aquella junta directiva que llevó al Atlético al subcampeonato de ese año. “Yo estaba que me metía a la cancha a decirle de todo a Sanabria porque había pitado muy mal, de repente vino el gol del ‘fantasma’ y casi me desmayo en esa mierda”.

El doctor Valdivieso nació en Bucaramanga el 8 de junio de 1951 y se crió junto a sus padres Hernando y Carmen en el barrio Alarcón. En ese hogar maravilloso nacieron siete hijos y Eduardo fue enviado a estudiar al Colegio La Salle y posteriormente se graduó como médico de la Universidad Industrial de Santander. “Siempre fui hincha del equipo y jamás me imaginé ser presidente de la institución. Mi papá nos llevaba al estadio junto a uno de mis hermanos y dos hermanas a las que les gustaba el Atlético. Nos tocó ver ese equipazo del 60 con Montanini y su combo”.

A medida que ejercía su rol como dirigente tuvo que capotear los problemas económicos que nunca faltaron en el equipo, como por ejemplo el de 1989, cuando armaron una nómina con ‘puros criollos’ que estaban bastante veteranos como Víctor Lugo, Astolfo Romero, Radamel García y una base de jugadores santandereanos, los cuales fueron manejados por el preparador físico Germán Cristancho a quien le encomendaron la misión de dirigir al onceno ‘leopardo’. Una tarde de ese desastroso año, a Eduardo Valdivieso no le gustó la conformación de la nómina y “tuve una discusión bastante fuerte con el técnico boyacense, pero de ahí no pasó más. También me agarré con Peluffo, pero hoy en día somos grandes amigos. Queríamos que las cosas salieran bien”.

Narró que en su recorrido por estadios, camerinos y canchas, siempre vio grandes jugadores en el Bucaramanga. Recitó de memoria la nómina de 1960 como si estuviera entregando un diagnóstico médico y nunca olvida a Scrimaglia, Montanini, Janiot, Gillio, ‘Mencho’ Balbuena, ‘Cuca’ Aceros y a los técnicos Humberto ‘Tucho’ Ortíz y a Carlos Mario Hoyos como los mejores de la historia. “Es más, tampoco olvido a Vilarete ya que en el 89 lo contratamos, le pagamos por partido jugado y medio llenamos el estadio, fue el año más malo de mi época como directivo”.

Hace algunos años y ya retirado del fútbol fue llamado de urgencia a la Clínica Metropolitana –Hoy Clínica Chicamocha- porque había llegado al centro médico el volante argentino Jorge Ramoa con un cuadro bastante avanzado de apendicitis y peritonitis localizada. ‘Coco’ estaba muy grave y al borde de la muerte, su pronóstico era reservado, pero gracias a la intervención del doctor Eduardo Valdivieso hemos tenido desde entonces ¡Ramoa para largo rato! Le salvó la vida al estupendo volante zurdo de La Paternal y se convirtió en la jugada quirúrgica más maravillosa de este gran profesional de la medicina. Vaya nuestro cariñoso abrazo para usted doctor Valdivieso y espero que al levantarse y leer nuestro periódico, ¡no se vaya a desmayar con el título de la columna! Lo recordaremos siempre.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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