domingo 14 de abril de 2019 - 12:00 AM

Churio me bautizó

El amor de su vida fue el Bucaramanga y que en los ocho años que estuvo en el barrio San Miguel y La Universidad lo trataron de maravilla.
Image
Columna de
Felipe Zarruk

En uno de los barrios más populares y tradicionales de Barranquilla, el barrio Las Nieves, el cual fue inmortalizado en una canción del dominicano Cuco Valoy, nació uno de los laterales derechos de grata recordación entre los hinchas de antaño del Atlético Bucaramanga, Jorge Ramírez, a quien todo el mundo terminó llamando ‘El cabezón’.

Su infancia estuvo marcada como la de cualquier muchacho de su edad, jugando bola e’trapo todo el día en las polvorientas calles del pintoresco barrio y emulando las gambetas de los grandes jugadores brasileños que vistieron la camiseta del Junior, tal es el caso de Heleno Da Freitas y se revolcaban en la arena caliente como el ‘Caimán’ Sánchez, dándole duro a la pelota con el pie descalzo para inmortalizar al ‘Flaco’ Roberto Meléndez. Jorge jugaba de 8 o de 10 en el equipo que su padre y su tío fundaron para ganar todos los torneos de la liga del Atlántico, el Ayacucho Fútbol Club. Allí lo ve el ‘Olímpico’ Marcos Coll y lo convoca a la selección de su departamento para actuar en los Juegos Nacionales de 1970 y por cosas del destino termina en la ciudad heroica defendiendo los colores del Bucaramanga, que por su difícil situación económica se mudó para Cartagena.

El onceno leopardo se nutre de una gran cantidad de jugadores costeños que regresan a la ciudad en 1972 y junto a su compadre Alfredo Arango, Eduardo Vilarete, Edilberto Aguilar, entre otros, conforman lo que fue el gran equipo del 75. ‘Cabezón’ Ramírez ya había sido capitán del Atlético en 1972, cuando ‘Papo’ Flórez le deja el brazalete para irse al Junior.

Misael regresa en el 74 y Jorge se lo devuelve, en un gesto de respeto digno de admirar. Cuando le pregunté por su apodo, su risa sacudió la desembocadura de Bocas de Ceniza y de una contestó: “Eso fue mi paisano José Antonio Churio, el narrador de RCN, el que me puso esa vaina”. Tiene una memoria brillante como la arenilla de Puerto Salgar y recuerda sus dos únicos goles con el Bucaramanga, uno se lo hizo a Pedro Zape en 1974 cuando le ganaron al Cali 3 a 1 y el otro lo anotó en Manizales al Cristal Caldas, equipo al cual fue “transferido” de manera engañosa por parte de un gerente de la década del 70 y cuando se presentó a entrenar le dijeron que allá nadie sabía de su llegada.

Todo se presentó porque al lateral derecho le dejaron su sueldo mensual en 70.000 pesos y Jorge, quien llevaba varios años en la institución quería ganar 100.000. Por eso se deshicieron de él. Cuenta que se retiró del fútbol a los 28 años, que el amor de su vida fue el Bucaramanga y que en los 8 años que estuvo aquí tanto en el barrio San Miguel como en La Universidad lo trataron de maravilla. Jugaban y bailaban como enanos estrenando botas junto a su compinche de bromas y aguardiente Eduardo Emilio Vilarete y en el carro rojo del ariete samario se divertían de lo lindo con chicas de minifalda y pierna gruesa.

Vive en el mismo barrio donde creció y junto a sus 7 hijas se mantiene entre Barranquilla y Santa Marta disfrutando de una vida sin mucha plata pero con la alegría que lo caracterizó siempre. Aquí en Bucaramanga viven su único hijo varón, Jorgito, y su hija, quienes echaron raíces en la ciudad bonita. Se fue sin resentimientos y sin que se le escuche una mala palabra, sigue siendo un caballero a carta cabal. Que llegue nuestro abrazo para el ‘Cabezón’ Ramírez, uno de los jugadores que más vistió la camiseta auriverde en sus 71 años de existencia.

Chao y hasta la próxima.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad