Publicidad

Felipe Zarruk
Sábado 09 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Dónde estará Fernando

Compartir
Imprimir
Comentarios

Compartir

Hace un mes fui invitado por Felipe Medina y el Instituto Municipal de Cultura al Festival Independiente del libro de Bucaramanga –FILBU- que se realizó en el Parque de los Sueños. Ese sábado 11 de noviembre mientras caminaba con mi señora por el lugar del evento y visitábamos los stands de la feria, apareció frente a nosotros Carlos Eduardo Lizcano Pimiento, un ingeniero químico de la UIS ofreciéndonos yogurt, miel de abejas, tamales, huevos criollos y hasta pavo para la Navidad. Al son de un vasito de yogurt sacó de su maleta un libro de cuentos escrito por él, que tiene por título “El pueblo bajo el puente” y me lo regaló con dedicatoria incluida.

Llegamos a casa y mientras mi señora veía películas en Netflix, al mismo tiempo yo leía el libro que me regaló ‘Pichuco’, quien aparte de poeta, ha colaborado en publicaciones impresas, digitales y en alguna oportunidad fue columnista de Vanguardia Liberal. En la página 99 encontré un cuento titulado “Domingo de fútbol” y una vez que arranqué a leerlo, no me pude detener. Carlos Eduardo soltó un relato que tenía atrapado en su memoria y lo deslizó a todo vapor por los rieles oxidados por donde transitaba el tren de color rojo, el cual soñaba comprar aquel 11 de octubre de 1981.

‘Pichuco’ se fue para el estadio desde el mediodía con David, un amigo que estudiaba con él y al llegar a la glorieta, “ese pelao se perdió entre la multitud y a mi me tocó emprender esa aventura en solitario para tan crucial encuentro entre el Bucaramanga y el Junior”. Caminó en medio de los caballos de los carabineros, una multitud que tomaba aguardiente y cerveza y se escabulló por entre los puestos de fritanga mientras pedía la pruebita de una que otra papita criolla. Un señor lo ayudó a ingresar a la tribuna norte, más conocida como gorriones y se logró colar en el balcón de cemento que quedaba encima del vestuario del Junior y de los árbitros.

En medio del ‘coge-coge’ y los empujones, Carlos trataba de sobrevivir hasta que lo rescató un señor que vestía un jean, una camiseta blanca tipo esqueleto y en sus manos tenía dos cajas llenas de betún listas para embolar zapatos. Se hicieron amigos y el señor de las cajas de betún le gastó una paleta para que ‘Pichuco’ calmara su sed. Carlos tenía 10 años y en su vida había escuchado tantos insultos como los de esa tarde. Desde el balcón de norte, Carlos vio en primera fila el penal que le cometieron a Frascuelli y también observó lo que hizo Saturno al poner con rabia el balón en el punto penal. “A mi lado está el señor que me gastó la paleta, tiene la cara completamente roja y bambolea por los aires los dos cajones que utiliza para embolar zapatos”.

Luego del ingreso de los hinchas a la cancha, las persecuciones al árbitro y a los jugadores del Junior, vino lo peor. Vio correr de frente a los soldados, escuchó los disparos, gritaba llamando a David su amigo de infancia y se le perdió de vista el señor de la camisilla blanca y las cajas de embolar. Llegó a su casa muy asustado; al otro día vio al señor de las cajas de betún en las fotos de Vanguardia, ensangrentado y tendido en el césped del estadio. Lloró en silencio, mientras la profesora los hacía leer párrafos de aquella tragedia. El señor de las cajas de embolar es Fernando Prada López, aquel que pedía dinero en una silla de ruedas en la tribuna oriental hace 40 años. Nunca volvimos a saber nada de él, por este motivo preguntamos: ¿Dónde estará Fernando?

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad